lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

Desde este pequeño rincón que comparto con Uds. quiero aprovechar para desearles a todos mis amigos una feliz Nochebuena y una Navidad llena de amor, armonía, felicidad, luz y paz. Recuerden guardar un espacio para recordar con sus familias la importancia espiritual de estas fechas y tomarse unos instantes para conectarse con el amor y la celebración de la vida que significa el día de Navidad. Disfruten sanamente, cuidense y reciban un fuerte abrazo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Los cariños y arrumacos como medicina preventiva.



Hace unos días tuve el placer de asistir a unas Jornadas tituladas "Dolores sin lágrimas: Aproximaciones al dolor psíquico vivido por el cuerpo", organizadas por la Asociación Creando Salud. Fueron dos días muy interesantes donde exploramos de la mano de médicos, biólogos, psiquiatras, psicólogos y otros profesionales, que el dolor y la enfermedad son a menudo un reflejo de las angustias y abandonos que vivimos.


Lo cierto es que esto hoy en día no sorprende a nadie, porque muchos estamos conscientes de la importancia del manejo de las emociones para mantener la salud. Sin embargo, como padres, muchas veces nos olvidamos de la influencia de las emociones de nuestros hijos en su salud, presente y futura. Con frecuencia consideramos las emociones de nuestros hijos como caprichos o manipulaciones, ignorándolas, exigiéndoles que las controlen (aún cuando nosotros mismos no hemos aprendido como hacerlo) o pretendiendo cambiarlas. La verdad es que el impacto que tienen nuestras emociones en nuestra salud, va mucho más allá de lo que normalmente pensamos.

Un ejemplo muy claro de este impacto, que apenas empezamos a entender, fue evidente para mí en estas Jornadas. Si bien las mismas no estaban dirigidas a padres, en prácticamente todas las conferencias se discutió el vínculo que existe entre la relación de la madre con el bebé recién nacido y el desarrollo de las llamadas "enfermedades psicosomáticas". Cuando el bebé no obtiene respuesta a sus necesidades físicas y emocionales a través del contacto amoroso de su madre, no logra crear el vínculo necesario para construir los símbolos mentales que le permitan manifestar sus ansiedades. Al carecer de estos símbolos el bebé busca como liberarse de sus angustias manifestándolas a través de su cuerpo. En palabras de los psicólogos: "Para la Escuela Psicosomática de París (Marty, M´Uzan, David, Fain, 1993), el psicosomático" está  caracterizado por una "insuficiencia en la mentalización", que le impide la expresión psíquica de sus conflictos. A causa de un desamparo inicial producto del vínculo con una madre narcisista que promueve un vacío psicológico, en el cual se impide el despliegue del espacio simbólico de la fantasía y abre el camino a la acción directa corporal. Al no ser atendidas las señales indicadoras de sus deseos, el bebé las paraliza y produce respuestas corporales patológicas que equivalen a los primeros síntomas psicosomáticos."

¿Qué significa todo esto para nosotros como padres? Pues a mi entender, significa tener mayor conciencia de la importancia que tienen nuestras acciones, gestos y palabras, para el desarrollo integral de nuestros hijos. Entender y tener siempre consciente que dedicarle tiempo y amor a nuestros bebes no es malcriarlos, ni consentirlos, sino que es entre otras cosas, la mejor forma de garantizar una excelente salud para ellos en el futuro. Si las madres modernas entienden el importante rol que juegan en el desarrollo de la sociedad humana, y dejan de luchar contra sus propios instintos, si entendemos que el tiempo que pasamos con nuestros bebes es sagrado, y no una pérdida de tiempo, entonces estaremos criando/creando una sociedad mas sana tanto emocional, como físicamente.

Para finalizar, comparto con Uds. una cita del pediatra y psicoanalista inglés D. W. Winnicott, que copié de una de las presentaciones y me pareció impactante:

"La necesidad primaria del bebé 
no es el alimento,
sino ser alimentado 
por alguien que ame alimentarlo"

jueves, 22 de noviembre de 2012

Si no te portas bien...el Niño Jesús no te va a traer juguetes.

"Querido Niño Jesús, si sigues insistiendo en que me porte bien, voy a tener que decirle a mis padres que ya sé que no existes." SGR


A medida que se acerca la temporada navideña, me empieza a entrar siempre una especie de sentimiento de culpa. Nosotros, como casi todos los padres hemos caído en la trampa del Niño Jesús. Mis dos hijos creen que en la mágica noche de la Navidad el Niño Jesús (o Santa que trabaja en sociedad con él), vienen a casa a traer los regalos a los niños que se portan bien. La verdad es que estoy empezando a pensar que esto del Niño Jesús es una idea terrible.
En primer lugar, a  medida que mi hijo mayor va creciendo, sus preguntas se hacen cada vez mas difíciles de responder, y no sólo me siento culpable de mentirle, sino que temo que en cualquier momento se va a dar cuenta de que lo he estado engañando. Y no puedo evitar preguntarme como me sentiría yo si mis padres, que se supone que son las personas mas cercanas a mi, me han estado mintiendo durante varios años. 

En segundo lugar, me siento mal cuando alguien le dice a mis hijos que si no se portan bien, el Niño Jesús no les va a traer nada. Creo que ellos saben mejor que nadie, que no importa la cantidad de travesuras, siempre van a encontrar sus juguetes favoritos bajo el arbolito. Y ademas tengo dos grandes problemas con esto: 1- ¿Quien es Santa para decir que es lo que esta bien o no en cuanto al comportamiento de mis hijos? y 2- ¿Porque el amor de Santa debe estar condicionado a como se porten mis hijos?

A mi parecer el mito de Santa o el Niño Jesús es algo nocivo para nuestros hijos, porque les enseñan que deben dejar de ser lo que ellos son, y comportarse de cierta manera para obtener lo que quieren. En otras palabras, les enseña a ser deshonestos con ellos mismos.

Foto de Canciones de navidad
Trato de entender porque esta tradición existe  y encontrar respuestas al porque los padres nos metemos en este rollo. Supongo que en algún momento alguien pensó que esta era una buena forma de mantener a los niños bien comportados. Muchos nos mentimos diciendo que es una de las ilusiones que definen la infancia, la inocencia...¿Y esa inocencia se merece que nos burlemos de ella?. La verdad es que, cuanto mas lo pienso, mas egoísta me parece hacerle esto a los niños. 


Pero por otro lado, no se como salir de este atolladero. ¿Cómo se sentirían mis chamos si fueran los únicos que no creyeran en el Niño Jesús? ¿Cómo explicarles a los que los rodean en el colegio, la familia y los amigos que nuestros hijos no creen en Santa?

En fin...un problema difícil de solucionar. ¿Alguien tiene sugerencias?


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Dale un tecito para que se tranquilize.

Tengo la suerte de tener dos maravillosos hijos varones. Como todos los niños, a mis hijos les encanta jugar y estar en movimiento. El mayor tiene siete años y medio, como el mismo dice con mucho orgullo, y le encanta jugar videojuegos y ver vídeos en Youtube. Es muy bueno en matemáticas, no tanto en educación física, y en general no tiene mucha paciencia. Pero es muy responsable: hace sus tareas solo, y cuando yo llego del trabajo lo ayudo a corregir lo que ya hizo o completar lo que no pudo hacer solo. Su hermanito tiene 2 añitos, y le encanta cantar, bailar y correr. No le gusta sentarse a hacer tareas, pero le gusta colorear.

En resumen, tengo dos hijos muy distintos entre si, con sus cosas extraordinarias cada uno, pero dentro de todo, niños normales. Por eso me sorprendió cuando la nueva maestra de mi hijo mayor, que esta empezando segundo grado, me dijo que el era un niño "nervioso". No entendí que quería decir con eso, y le pregunté. Me dijo que el se paraba, se sentaba, se le caían las cosas...y que en eso perdía mucho tiempo. Efectivamente, mi hijo es así, pero considero, por lo que he visto, que esta es la conducta normal de un niño de su edad. Le pregunté a su maestra, algo sorprendida, si era el único así en el salón y me contestó que no, que tenía varios niños "problemáticos". Es decir que ese comportamiento, que yo encuentro completamente normal, era considerado por la maestra como "problemático". Y como si fuera poco, completó su "diagnóstico" recomendándome que le diera un tecito o unas flores de Bach para que se tranquilizara.

Por supuesto que salí un poco indignada de esta conversación. Me hizo recordar un debate que he seguido ya por algún tiempo con relación a los niños diagnosticados con Síndrome de Deficiencia de Atención e Hiperactividad. Algunos sociólogos consideran el SDAH como un "ejemplo clásico de la medicalización de una conducta diferente, que redefine un problema no médico, como un sindrome clínico" (Parrillo, Vincent (2008). Encyclopedia of Social Problems. SAGE. p. 63.ISBN 978-1-4129-4165-5. Retrieved 2009-05-02.). Mi muy personal opinión es que probablemente existan algunos casos reales de desbalance de neurotransmisores que requieran el uso de medicación, pero que en un alto porcentaje de casos no se justifica que los niños sean diagnosticados y medicados por un comportamiento completamente normal a su edad. Y honestamente me cuesta creer que cerca del 15% de los niños de EEUU sufran de un desorden neurológico y necesiten ser medicados.


Los adultos nos hemos olvidado de lo que es normal en el desarrollo humano, y pretendemos que los niños son un disco duro vacío en el cual grabar información. Nos olvidamos de la importancia del juego, de la actividad física, del descanso, de la creatividad, en nuestro desarrollo como seres integrales. Pretender que un niño que esta en formación se mantenga sentado en una silla, en silencio y concentrado en una labor, por mas de media hora, no es natural.  Por supuesto es mas fácil que lo haga cuando lo tranquilizamos con un tecito o con medicamentos, y probablemente eso haga muy feliz a sus maestros y a algunos padres. Tampoco estoy segura de que  la respuesta de la educación tradicional sea mejor: castigarlo, y hacerlo sentir mal por lo que para el es natural afecta su autoestima y puede dejar importantes secuelas. Además, pensar que todos los niños tienen que tener las mismas destrezas y habilidades, el mismo temperamento, los mismos gustos, es negar la individualidad que nos hace únicos.

Para terminar mi historia, cuando la maestra me preguntó si había algo en casa que causara el "nerviosismo" de mi hijo le conteste que probablemente era mi culpa, porque yo era también así cuando era pequeña: intranquila, habladora, curiosa, inquieta, soñadora. A mi no me dieron ningún tecito, gracias a Dios, porque hoy en día considero que esas características, algunos son algunos de los rasgos mas positivos de mi personalidad. Si no contara con esas cualidades, no tendría la profesión que tengo para empezar, ya que vivo de hablar y de curiosear. 

Supongo que la maestra hubiera querido castigarme por ser tan "contestona", pero afortunadamente no soy una de sus alumnas.










miércoles, 31 de octubre de 2012

Vamos a "cepillarnos" la mente

Como padres, y casi desde el nacimiento de nuestro primer hijo nos obsesionamos con la higiene. Yo he aprendido que esto no es necesariamente sano, ni para ellos ni para nosotros. Pensamos que manteniendo a nuestros hijos casi estériles los protegemos de enfermedades, pero lo cierto es que la ciencia recién empieza a entender que el exceso de higiene puede ser mas perjudicial que beneficioso.

Pero en realidad no es de esto que quiero hablarles hoy. Lo que quiero plantear es que, al igual que exigimos a nuestros hijos (y a nosotros) cepillarnos los dientes luego de cada comida, y lavarnos las manos al llegar de la calle, deberíamos educarlos en la necesidad de cuidar su mente y hacer higiene preventiva de sus pensamientos.

Durante años he escuchado de la higiene mental y de la importancia de limitar los contenidos violentos que ven nuestros hijos. Pero ha sido solo recientemente que he comenzado a entender en profundidad la importancia de esta "prevención". Como parte de un proceso de crecimiento personal me he puesto "a dieta" mental. Ese régimen que no es mas que una toma de consciencia y de responsabilidad con relación a lo que dejo que llegue a mis pensamientos, me ha permitido darme cuenta de la cantidad de cosas negativas a la que sometemos a nuestra mente. Los mensajes negativos están alrededor de nosotros todo el tiempo: libros, comerciales, películas, frases, conversaciones, etc. etc. Incluso muchas veces en material que consideramos "seguro" como canciones o programas de comedia, están llenos de mensajes que distorsionan nuestro contacto con nosotros mismos. La mayoría de las veces no nos damos cuenta de que están allí, y los dejamos pasar. Pero cuando empezamos a vivir expandiendo nuestra conciencia, empezamos realmente escuchar lo que antes solo oíamos.

Al igual que en muchas otras áreas de la vida de nuestros hijos, es nuestra responsabilidad proteger a nuestros hijos de los mensajes que consideramos peligrosos para su salud mental. Yo particularmente tengo varones, así que me preocupo mucho por la violencia, no solo de los juegos de vídeo  sino en los cuentos y canciones infantiles. Pero hay muchos otros temas que son de igual importancia y relevancia: mensajes que les dan en el colegio, con las evaluaciones, en las clases de deportes, los abuelos, etc. Mensajes que tienen que ver con que el mundo es injusto, con que hay buenos y malos, con que hay que ganarse las cosas haciendo sacrificios, con que solo el mas fuerte sobrevive...

Te invito a escuchar con la mente abierta los mensajes que le da la vida (y tu) a tus hijos. A pensar acerca de lo que hay detrás de cada instrucción, y a conversar mucho, mucho, mucho. Obviamente no todos los mensajes pueden ser filtrados o controlados por los padres, pero conversando y discutiendo con nuestra familia acerca de ellos, les enseñamos a nuestros hijos a ser críticos con lo que creen, a preguntarse si realmente las cosas son de una manera u otra, y a que ellos mismos expandan su conciencia.

Y me encantaría que me contaras ¿que mensajes ocultos has encontrado en el entorno de tus hijos?

miércoles, 10 de octubre de 2012

Aprendiendo de la derrota.


En primer lugar, quiero pedirles disculpas por que este post cambia un poco la tónica habitual de mi blog. Normalmente me enfoco en mis hijos y experiencias que vivo con ellos. Pero sumida como estoy aún en las múltiples emociones del pasado fin de semana, por las elecciones presidenciales en Venezuela, no podía dejar de escribir sobre esto.

Me voy a tomar la libertad de compartir con Uds. el mensaje que le escribió mi sobrino a su mamá. El se llama Gustavo y es un maravilloso muchacho, lleno de vida y alegría, siempre con la sonrisa a flor de piel. Por primera vez en su vida, lleno de ilusión y esperanza, este fin de semana ejerció su derecho al voto, desde Alemania donde está estudiando. 


"Mami, te quería responder este mensaje en cuanto lo vi, pero de verdad decidí que no podía mas y trate de irme a dormir. No se si mucho de ustedes Venezolanos lo lograron, pero yo no he podido pegar ni un ojo. Calmarme, eso sí que lo he hecho pero aun falta.
En cuanto a tu mensaje, lastimosamente no estoy decaído, estoy tumbado. Ya veremos como el tiempo eventualmente ayuda a levantarme, pero ningún comentario de nadie y me de consolación tiene ese poder. 

Ese mensaje, esos números, la verdad tienen muy poco valor. Estaba claro que aumentaríamos, al igual que está claro que seguirá aumentando, pero con esos números lo único que haces es decirte a ti mismo "en las próximas llegaremos al número correcto, a lo suficiente para ganar". Con esa misma idea me he formado toda (disculpen la palabra) MI PUTA VIDA. 

Hablas de que el futuro es mío, y todo eso. Es cierto lo es, pero a mi modo de vista me congelaron y robaron 6 años de futuro, no solo mío sino de todos. Seis años más en la misma situación, seis años mas de desespero constante, incertidumbre de no saber que va a pasar. Si el día de mañana podré hablar con la misma gente y si todo ahí estará. Nadie se merece eso, no importa ideología ni opinión política, eso es un hecho.

Las palabras del Tío la verdad, que ni las entendí. Si no lo intentas por sea el motivo que sea, no tienes porque sentirte defraudado. Porque?? No hiciste nada al respecto pudiendo haberlo hecho. a demás yo personalmente no me siento defraudado en lo absoluto. Me siento impotente a pesar de haber votado, me siento triste por saber que tengo que ver a Venezuela seis años mas por ese mismo camino, me siento asqueado por la ignorancia de muchos. El país, Venezuela si sigue ahí y nadie lo borrara del mapa. Mi país, eso es una cosa totalmente diferente. Mi país fue en el que yo nací hace ya 19 años. El país en el cual vives no es ni la sombra de aquel y mucho menos la sombra de lo que puede ser y quiero que sea.

Ahora esto si va dedicado a ti directa y personalmente. Aprecio que me quieras consolar de cualquier modo pero no gracias. Yo te quiero, te aprecio, y te seguiré queriendo. Te deseo y deseare todo lo mejor en todos los aspecto para ti y todos a tu alrededor, pero de política o sobre MI país o el tuyo no quiero que hablemos. Espero que la próxima vez que vaya, quien sabe cuándo y por cual motivo, compartamos más que un solo día y que sean como cuando yo era pequeño.

Mami tu sabes que yo los adoro y como me dijiste tu por teléfono, seguirán haciendo lo mismo de siempre como si nada hubiera pasado. Yo como ya te dije también, no los quiero ahí, en medio de un peligro constante y un país que se les viene encima en todos los ámbitos. Lamentablemente yo sé que no es fácil. 

Los quiero demasiado a todos, y tú sabes cuánto los amo y adoro. Por favor cuídense demasiado y que nada les pase, porque no me lo perdono. Habrá que aguantar y echar pa' lante. 

PD: Escribo sin ánimos de consuelo, solo necesitaba desahogarme. Si tienen algo que decir sean precisos porque no quiero tema de discusión o desacuerdo. Esas palabra fueron simplemente lo que hoy Lunes 08/10/2012 a las 12:11PM hora de Alemania, salieron de mi mente y mañana será otro día."


Varias cosas me pasaron por la mente después de leer esto. En primer lugar una enorme tristeza de saber que un joven venezolano podía sentirse tan decepcionado del país, tan ajeno a su propia tierra. En segundo lugar la me llama la atención que el está convencido de que no tiene futuro, de que esa decisión le arrebata su felicidad.

Desde el punto de vista personal su escrito me hizo pensar en la importancia de que nuestros muchachos aprendan a manejar su vida desde el punto de vista emocional y a distinguir entre las circunstancias externas y la actitud con la cual las enfrentamos.

La verdad es que cuando obtenemos algo distinto a lo que deseábamos como resultado de nuestras acciones, es normal tener sentimientos de frustración, impotencia y tristeza. Pero cuando dejamos a un lado los juicios y entendemos que nada de lo que pasa es bueno o malo, y que todo puede ser para crecer, nuestra visión cambia. Se nos hace mucho más sencillo entonces aceptar y dejarlo fluir. Cuando entendemos que solo nosotros tenemos el control sobre cómo nos sentimos y como afrontamos nuestra realidad, entonces es mas sencillo salir de la tristeza y enfocarnos en emprender un nuevo camino. 

Por eso he insistido en volver a nosotros mismos la mirada en estos momentos y tratar de buscar soluciones, cambiar patrones, y asumir responsabilidades. Solo así podemos aprender las lecciones y seguir creciendo y andando hacia lo que queremos, sin juicios ni apegos.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Deja de llorar, que ningún niño esta triste.



En estos días el mundo de nosotras las madres está marcado por la vuelta a clases de nuestros chiquitos. Eso significa cambios y adaptaciones para todos en casa, después de casi dos meses de vacaciones. Y adaptarse a cosas nuevas, siempre requiere de tiempo y paciencia. Pero en este mundo agitado y apurado para no llegar a ningún lado, el tiempo y la paciencia no son bien vistos. 

En la guardería a la que asiste mi pequeñito de dos años, los niños lloran desconsolados cuando sus padres los dejan. Mi chiquito también llora, yo lo abrazo. Los padres primerizos lloran. Los que ya hemos pasado por esto antes nos vamos con el corazón arrugado, pero con la convicción de que todo va a estar bien. Las maestras se ríen, porque saben que repiten el ritual de todos los años. En el fondo, todos sabemos que es “normal” que las primeras semanas sean difíciles, y que para el niño es una valiosa experiencia.



De vez en cuando vemos a algunos padres que regañan a sus hijos o los increpan a que no lloren. Otros tratan de convencerlos de que no deben estar tristes. Algunos los comparan con otros niños que van felices, y otros simplemente disminuyen la importancia de lo que el niño está sintiendo. Creemos que de esa manera calmamos a nuestros hijos, y ni siquiera nos detenemos a pensar lo que está detrás de esos sentimientos.

Y eso mismo lo hacemos en nuestra vida, y con nuestros sentimientos, porque así nos enseñaron. Si me siento triste, salgo a comprarme algo, o a echarme unos palos, o a buscar a alguien alegre que me saque de esta depre. Pero pocas veces nos detenemos a pensar porque me siento de esta manera, a conectarme con ese sentimiento.Lo cierto es que nuestros sentimientos, y los de nuestros hijos, son la manera que tiene nuestro cuerpo y nuestra alma de expresarse, y son parte de lo que somos como seres humanos. 

Los sentimientos son un feedback interno. Cuando ignoramos nuestros sentimientos, nos ignoramos a nosotros mismos. Cuando le enseñamos a nuestros hijos a no dar valor a lo que sienten, les enseñamos a que no confíen en sí mismos, a no valorarse. Les enseñamos que son los demás los que deben decirle como sentirse, y que si los demás están contentos y felices, ellos deben estarlo también, aunque se sientan en realidad miserables.

El coach Luis Diaz lo explica maravillosamente en el siguiente video.





Por eso te invito a evitar decirles a tus hijos como deben sentirse. Trata de entender porque se están sintiendo de esa manera, y ayúdalos a ellos a comprenderlo también. Abrázalos, consuélalos, diles que los quieres. Aprende a aceptar lo que sientes y dejarlo fluir y enséñales a tus hijos a hacerlo también. Recuerda que nuestros sentimientos, tanto buenos como malos, son parte de lo que somos. Aceptémonos y amémonos como somos.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Lo que tienes y lo que eres son cosas distintas

Una de las cosas que siempre me ha preocupado con relación a la crianza de mis hijos, ha sido educarlos para que valoren las cosas en su justa medida. La presión social y publicitaria para tener y tener cosas es siempre muy fuerte. Y seamos honestos, todos deseamos tener cosas bellas, sofisticadas, útiles y modernas en nuestras vidas. No hay nada de malo en eso. El problema surge cuando empezamos a pensa que lo que tenemos define lo que somos. Los adultos estamos tan confundidos con este tema, tan desconectados de nuestro verdadera esencia, que hemos realmente llegado a creer que somos mejores o peores que el vecino porque tenemos un carro último modelo, o un teléfono más moderno. Lo cierto es que las cosas no nos llenan ni nos definen, pero estamos tan cegados que solamente nos damos cuenta de que es así, cuando por fin tenemos estas cosas. Eso explica por que tanta gente exitosa, con mucho dinero, y con todas las cosas que el dinero puede comprar, llevan una vida triste y miserable, y terminan sus vidas en las drogas, el alcohol y hasta el suicidio.

Lo mismo le pasa a nuestros hijos. Pasan semanas soñando con un juguete que vieron en la tele, o algo que tiene un amiguito del colegio. Y cuando por fin lo obtienen, juegan 15 minutos con él, y se dan cuenta de que no son todo lo felices que creian que serían, y seguro no mas de lo que eran antes. Se les genera entonces una sensación de frustración, de anticlimax, que los deja buscando algo nuevo que desear. Esto puede generar un terrible circulo vicioso de insatisfacción, que si no se controla a tiempo puede terminar muy mal.

Por eso es importante hablar con nuestros hijos acerca del valor de las cosas materiales, y hacerles ver que lo que ellos quieren realmente no es el objeto, sino la emoción que ese objeto despierta en ellos. Y ayudarlos a entender que esa emoción pueden obtenerla con ese objeto, pero también de otras maneras. De esa manera, su mundo y su felicidad no girara exclusivamente alrededor de lo material. Entender que detrás de cada cosa material realmente esta lo que ese objeto genera en nosotros, y que eso puede ser distinto para cada uno, es clave para que tanto ellos como nosotros aprendamos a colocar nuestro enfoque en la experiencia que buscamos, y no en el objeto.

Puede no ser tan sencillo. En primer lugar tenemos que hacer el trabajo en nosotros mismos, para poder hablarles con propiedad y enseñarles con nuestro comportamiento y no solo con nuestras palabras. Si nosotros definimos nuestro valor con lo que tenemos, nuestros hijos harán lo mismo. Si podemos sentirnos llenos de otras maneras, también ellos aprenderán eso. En muchos casos para nosotros como padres complacer a nuestros pequeños comprándoles lo que quieren puede ser una manera de conseguir una experiencia propia (sentirnos mejores padres, más generosos, poderosos, etc). Si es así, es importante ver que necesidad tratamos de satisfacer y hacerlo de otras maneras. Esto requiere un esfuerzo mayor como padres, hay que ser muy pacientes para orientar a nuestros niños en formas de identificar sus carencias emocionales, y muy creativos para buscar formas alternativas de satisfacer esas necesidades. Sin duda es más sencillo salir corriendo y comprar lo que piden para llenar su tiempo, que dedicarles nuestro tiempo y atención. Pero a la larga el precio que podemos pagar por nuestra comodidad es muy alto, y puede llegar a comprometer la felicidad de nuestros hijos.

Así que antes de correr a comprar ese juguete que sabes que hará feliz a tu hijo, piensa de que otra manera puedes hacerlo feliz.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Cuida lo que sale de tu boca


Ayer estaba con mi hijo de 7 años en un parque. El saltaba feliz en un colchón inflable cuando llegó otra niña a compartir su júbilo. Los vi contentos jugando bajo la supervisión de la mama de la niña. De repente escuché a mi hijo gritándole a la niña "Toma, muérete. Eres una miedosa". En seguida reaccioné y corrí al colchón pensando que se había desatado una guerra entre ellos, pero cuando llegue me los encontré felices saltando. Llamé a mi hijo y le pregunté qué pasaba y me dijo encogiéndose de hombros "Nada mamá, estábamos jugando".

Esto me hizo pensar mucho acerca de lo que está pasando a nuestro alrededor en términos de violencia y malos tratos entre adultos, y en cómo influye en nuestros hijos sin que muchas veces nos demos cuenta. El lenguaje que utilizamos a diario tiene una enorme importancia en moldear nuestro comportamiento, y con mucha más razón el de nuestros hijos, tal y como lo establecen los principios de la Programación Neurolingüistica o PNL.

La PNL ha demostrado la influencia que el lenguaje tiene sobre nuestra programación mental y demás funciones de nuestro sistema nervioso. Lo que pensamos y decimos, aun cuando no lo digamos en serio, es un mensaje muy claro para nuestro subconsciente. Las palabras y los pensamientos tienen una energía asociada, y es importante que nuestros niños sepan esto. A pesar de que las digan jugando, el usar palabras violentas es nocivo para ellos.

Más tarde, mientras almorzábamos juntos, se lo expliqué a mi hijo. Parecía sorprendido. No entendía del poder de sus palabras. "Mami, pero todos los niños en mi colegio juegan así, y no pasa nada". Eso es lo que cree mucha gente, pero claro que si pasa.

Cuando decimos palabras desagradables, violentas o despectivas, le damos fuerzas y energías a lo negativo, no solo para los demás, sino también para nuestra propia vida. Las palabras son escuchadas por nuestro cerebro y eventualmente este se convence de que lo dices en serio. Y poco a poco tu cerebro termina por creerse que lo que tú dices es lo que tú realmente eres, y para ser congruente comienza a moldear tus pensamientos y acciones alrededor de tus palabras.

Es muy importante cuidar lo que dices y como lo dices, y mantener una vigilancia sobre el lenguaje que usan tus hijos. Explícales claramente que efecto tienen sus palabras, sobre los demás pero sobre todo sobre ellos mismos. Enséñales a ser selectivos con lo que dicen y a tratar de emplear siempre palabras positivas o neutras. Paulatinamente comenzara a hacerse costumbre para ellos expresarse en los términos que quieren ser percibidos y con la energía de quienes quieren ser.

jueves, 26 de julio de 2012

Ser diferente no solo está bien, debería ser tu meta.


Hay una reflexión que tiene varias días rondándome los pensamientos. Tiene que ver con el valor de la individualidad. Pasamos buena parte de nuestras vidas tratando de ser como los demás, vestirnos a la moda, ser socialmente aceptados. Desde que somos muy pequeños se nos enseña a adaptarnos a un molde, a parecernos a los demás o ser un buen niño. Si lo hacemos, nos premian con aceptación y amor. Si no, nos castigan y nos hacen sentir culpables.


Por supuesto, cuando nos toca ser padres, repetimos lo mismo. Utilizamos nuestros patrones culturales para construir una imagen de “niño bueno” y nos dedicamos buena parte del tiempo a que nuestros hijos se conviertan en lo más cercano a ese patrón. Muchas veces comparamos a nuestros hijos, con los hijos de otras personas. Lo hacemos con la mejor de las intenciones, pues actuamos por amor, repitiendo lo conocido. Lo malo es que en ese proceso, vamos diluyendo la personalidad de nuestros chiquitines, y anulando o restandole importancia a muchas de sus potencialidades.

Recientemente he tomado conciencia de que es precisamente lo que nos diferencia de los demás, lo que nos hace valiosos y lo que nos garantiza el éxito. Lo que nos hace diferentes es lo que nos hace destacarnos. Es posible que los demás no entiendan tu punto de vista, o luzcas diferente, pero en la medida en que estes dispuesto a defender tu individualidad, sintiendote seguro de tu belleza interna y tu valor, la gente a tu alrededor comenzara a verte con otros ojos.

Por eso te invito a que te atrévas a ser diferente y a darle a tus hijos el apoyo y la libertad de serlo. Probablemente sea la mejor enseñanza que puedas darles.

viernes, 13 de julio de 2012

All you need is love


Para cerrar esta trilogía de artículos quisiera escribir acerca del amor. Pero ¿qué puedo decir yo del amor que no se sepa ya? Yo pienso que, como dice la canción de Los Beatles cuyo título he tomado para identificar este articulo, el amor es lo único que necesitamos en la vida. Cuando hacemos las cosas por amor y con amor, nada puede salirnos mal, porque el amor es la esencia de lo divino. Ahora seguramente mucha gente me dirá que en nombre del amor se puede hacer mucho daño. Yo no lo creo. Pienso que en nuestra cotidianidad, a veces confundimos otras cosas con el amor. La posesividad, los celos, las relaciones destructivas...son realidades que culturalmente asociamos con el amor. En realidad esto no es amor, son sólo nuestras creencias, nuestros patrones culturales, programados en nosotros por el entorno, y alimentado con nuestros miedos, disfrazados como el lobo con la piel de la oveja.

El amor debe necesaria y obligatoriamente comenzar por uno mismo. No podemos amar ni ser amados cuando no nos amamos primero a nosotros. Mientras somos niños, el amor es algo muy sencillo, natural. Todos los niños se aman a sí mismos, por sobre todas las cosas. Los bebes tienen muy claro que son su primera prioridad, y para obtener lo que desean están dispuestos a todo. Ese amor, es rápidamente etiquetado como egoísmo, y se va transformando a medida que crecemos, a través de nuestra educación y los paradigmas sociales. Nos convencemos de que nuestras necesidades son menos importantes que las de los demás, y que ser bueno es olvidarse de uno mismo y pensar solo en los demás. Así vamos aprendiendo que amarnos a nosotros mismos es malo, que pedir lo que necesitamos es malo, que luchar por lo que queremos es malo, y que si queremos ser aceptados y queridos, tenemos que olvidarnos de nosotros.  Y luego nos preguntamos porque nadie nos ama, y porque nos cuesta tanto abrirnos al amor.


El verdadero amor por nosotros mismos, no es egoísta, porque cuando te amas realmente a ti mismo, eres capaz de dar más y más amor a los que están alrededor tuyo. El amor verdadero no es posesivo, porque no necesitas que nadie te ame, cuando tienes tu propio amor. Si alguien te ama, maravilloso. Pero si no lo hacen, no importa, siempre hay quien te ame en tu vida. El verdadero amor no es celoso, porque tiene la certeza absoluta de que su fuerza y poder aumenta cuando es compartido.

Así que hay que comenzar amándose a uno mismo, y desde ahí, amar al mundo, aceptándolo como es, acabando con nuestros prejuicios, abriendo nuestra mente. Así construimos una felicidad a prueba de todo, que podemos compartir con los demás.

Y para amarnos a nosotros mismos, debemos comenzar a cerrar el círculo con las otras dos palabras de esta maravillosa trinidad: perdonándonos y dando gracias. Agradeciendo por lo que somos y tenemos, y perdonando por no haberlo visto antes, por haber dejado que nuestras creencias nos alejaran de nuestra grandeza. Paso a paso, iremos así construyendo una solida relación con nosotros mismos, que podremos transmitir como un maravilloso obsequio a nuestros hijos.

miércoles, 4 de julio de 2012

La importancia de agradecer


La semana pasada les hablé de tres palabras que tienen el poder de cambiar la vida. Perdón, amor y gracias. Estas tres palabras, y las experiencias que describen, son el pilar fundamental de una vida sana, tanto desde el punto de vista emocional, como el físico y el espiritual. Ya vimos por que el perdón es esencial para aceptar nuestra realidad, encontrar la paz, aprender a vivir en el presente, y darnos la oportunidad de equivocarnos para convertirnos en mejores seres humanos. 

La gratitud es la otra cara de la moneda del perdón. El perdón y el agradecimiento van de la mano, porque si no logramos perdonar, no encontraremos razones para agradecer, y si no nos damos cuenta de lo mucho que tenemos para agradecer, no sabremos como perdonar. La gratitud es la línea de partida para la construcción de los milagros. Algunas veces parece que no tenemos nada que agradecer, pero siempre hay razones, por muy simples que parezcan. Comienza por lo primero que se te ocurra. El sol en el cielo, los zapatos que tienes puestos, los dedos de tus manos, tus hijos, la vida en ti....Somos recipientes de tantas bendiciones, que nos acostumbramos a tenerlas cada día, y nos olvidamos de agradecer por ellas. Cuando comenzamos a dar gracias, nos vamos dando cuenta de lo mucho que tenemos, de lo afortunado que somos. Agradecer es una poderosa herramienta para reconocer la luz que brilla en nosotros, una reconexión con la espiritualidad.

Cuando hacemos del agradecer un habito, no solamente les enseñamos a nuestros hijos a poner atención a las cosas hermosas y maravillosas que tenemos, sino que nos sentimos más felices, mas conectados con la creación y con lo divino, y a partir de allí podemos construir una vida mejor. Llenando nuestra vida de la energía positiva del agradecimiento, atraemos a nuestra vida más y más bendiciones. Recuerda que lo que piensas y crees desde el fondo de tu corazón, moldea tus acciones, y tu actitud hacia la vida, y a su vez tu actitud determina lo que puedes lograr. Así que si te sientes bendecido, y afortunado en la vida, podrás alcanzar cosas que ni tú mismo creías posible. Honestamente creo que es uno de los regalos más maravillosos que puedo darle a mis hijos.

Así que me he propuesto hacer parte de mi rutina de cada día sentarme con mis hijos y agradecer, con ellos, por dos o tres cosas. Experiencias que hayan pasado en el día, que nos hagan sonreír, cosas que tenemos, o cosas que hemos sentido. Además de hacer de esto un momento especial, para compartir con mis hijos, de escuchar acerca de su día, y ellos del mío, nos permite centrarnos en el presente. 

lunes, 25 de junio de 2012

Perdón, amor y gracias.


Desde hace unos meses estas tres palabras aparecen en mi vida a cada paso. Pareciera que el Universo las ha puesto una tras otra, en sucesión, como los durmientes sobre los cuales construir una guía para el camino. La ruta sobre la cual voy siendo llevada mansamente, casi sin darme cuenta, al destino que es mi vida. Perdón, amor, gracias, perdón, amor, gracias, perdón, amor, gracias.

Las tres palabras se entretejen y esconden en cada cosa que leo, en cada canción, en cada conversación. Como si con ellas ya todo estuviera dicho. Y me voy dando cuenta de que con cada una voy encontrando las respuestas a todo.

Por eso quería colocar aqui unas palabras de reflexión acerca de la importancia de educar a nuestros hijos en la disciplina de perdonar, de dar gracias y de amar.

Perdonar es un arte humano que hemos ido olvidando. Muchas veces guardamos rencores y memorias de lo pasado. Muchas veces nos sentimos culpables por lo que hicimos y no hicimos. Pensamos que perdonar es síntoma de debilidad. Lo cierto es que el perdón es uno de los regalos más maravillosos que puede darnos el universo. El perdón es la base de la esencia del ser humano, porque gracias al perdón nos podemos dar la oportunidad de crecer, a través del aprendizaje que nos dan nuestros errores.

A menudo les exigimos a nuestros hijos que sean casi perfectos, y en ese afán no nos permitimos perdonar ninguna falla. Lo mismo nos hacemos a nosotros mismos. Castigamos los errores cometidos y nos justificamos diciendo que lo hacemos por amor, porque queremos lo mejor para ellos. Hemos oído hasta el cansancio que si cedemos, nuestros hijos tomaran ventaja de nuestra debilidad. Así que no nos damos el lujo de perdonarlos, aun cuando eso sea lo que nuestro corazón anhela, y lo que podría darles a ellos la paz de saber que su verdadero valor no depende de lo que ellos hagan. 


Lo cierto es que en muchas ocasiones es el ego el que nos impulsa. Preferimos tener la razón que tener la paz. Presumimos los triunfos de nuestros hijos como nuestros, pero de igual manera deberíamos presumir sus fracasos, porque es a través de ellos que se hacen humanos y crecen.

Por eso te invito a perdonar. A perdonarte en primer lugar a ti misma por tus errores como madre. Y te invito a perdonar a tus hijos, cada vez que puedas. Enseñémosle con el ejemplo a nuestros pequeños el valor del perdón. Aprendiendo a perdonarse primero, es como aprendemos a perdonar a los demás. Y perdonando a los demás y a nosotros mismos nos liberamos de un enorme peso, y disfrutamos de la paz.

La próxima semana seguiré conversando acerca de estas tres palabras, y de la importancia de darle prioridad a su enseñanza a nuestros niños.





miércoles, 20 de junio de 2012

Acepta lo que la vida te trae



Estoy trabajando en unos escritos acerca de la actitud hacia las enfermedades, y como cambiando nuestra actitud podemos influir en el tratamiento de las mismas. Esencial en este proceso es el aceptar la enfermedad. Pero escribiendo al respecto, me he dado cuenta de que la aceptación es un proceso primordial para determinar cómo vivimos. 

El verbo aceptar es definido por la Real Academia Española como "Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga". La vida cada día nos ofrece múltiple situaciones, retos y oportunidades. Sin embargo nosotros muchas veces nos oponemos a estas situaciones y nos negamos a recibirlas. Creemos que es nuestra responsabilidad cambiarlas. Creamos así una resistencia que nos deja exhaustos y nos arrebata el gozo. Afrontamos la vida como una lucha, donde cada día se convierte en una batalla contra las situaciones que nos afectan. Nos empeñamos en cambiar las situaciones y las personas, en lugar de hacer el cambio en donde realmente importa, que es en nuestro interior.

Aceptar lo que sucede en tu vida, sea bueno o malo, es el primer paso para ser feliz. Aceptar no significa resignarse. Aceptar es tener conciencia de cómo nos afecta lo que sucede alrededor de nosotros, y tomar una decisión acerca de cómo deseamos reaccionar a ese evento.

Los niños son especialistas en aceptar. Puede ser que nos hagan un berrinche cuando les decimos que tienen que bañarse, pero una vez que están dentro de la ducha, se divierten montones, y resulta que luego no quieren salirse.

Plantéate hoy la posibilidad de aceptar de buena gana lo que suceda en tu día. Te darás cuenta de que cada pequeña cosa puede ser recibida con la visión de aprender de ella, de usarla para crecer, para mejorar. Te sentirás mucho mejor casi de inmediato.

“Cuando tomas la decisión de aceptar, te das cuenta de que es una actitud sanadora para muchos aspectos de tu vida. Te permite un espacio de reflexión e introspección, y te da una nueva perspectiva. La vida no es buena o mala, depende de nuestra actitud el convertir cada cosa que nos sucede en un drama, o en una oportunidad de crecer y cambiar. La aceptación no es sinónimo de resignación, todo lo contrario”.


miércoles, 13 de junio de 2012

Hay que ser responsable

La semana pasada una casualidad (??) me llevó a encontrarme con una interesante pagina que se llama Amarse a uno mismo y les invito a leerla. Llegué alli a través de un link que hablaba de la técnica de Ho’oponopono para sanar. Esta técnica se base en asumir que nosotros somos responsables de lo que pasa en nuestro mundo. En una cita textual "... la total responsabilidad se extiende a todo lo que está presente en tu vida, simplemente porque está en tu vida. Es tu responsabilidad en un sentido literal. Todo el mundo es tu creación".

Esta lectura me hizo pensar en lo que significa ser responsable de nuestros actos, y lo importante que es enseñarle esto a nuestros hijos. Acostumbramos a hablar de responsabilidad como una pesada carga que debemos cumplir: "es tu responsabilidad hacer las tareas" o "tu vas a ser responsable de lo que pase si no haces lo que te digo". Pero la realidad es que hay un nivel importantisimo de responsabilidad que no le enseñamos a nuestros hijos, simplemente porque no tenemos la conciencia de la misma. Es la responsabilidad sobre los propios sentimientos. La responsabilidad de cuidar de nosotros mismos. La responsabilidad de escoger la actitud con la cual afrontamos las situaciones del día a día. Nosotros como padres y como adultos evadimos muchas veces esta responsabilidad.


¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido víctimas de las cosas que pasan alrededor? Nos olvidamos que sólo nosotros podemos decidir cómo nos sentimos con respecto a lo que pasa fuera de nosotros. Es decir, nos olvidamos de que somos responsables de cómo nos sentimos. Si nos sentimos mal en una situación determinada, siempre podemos tomar la decisión de quedarnos o irnos, de engancharnos o dejar ir, de quejarnos o de resolver, de aprender, de perdonar.

Es importante tomar conciencia del inmenso poder que significa la posibilidad de elegir dentro de nosotros la actitud que tenemos ante lo que nos sucede cada día. Es parte de nuestra esencia. 

Enseñémosle a nuestros hijos esta poderosa herramienta. Desde las cosas más sencillas, desde la cotidianidad. A partir de nuestra propia experiencia, con nuestro ejemplo, demostrémosle que siempre se puede escoger entre una actitud positiva y ganadora, y una derrotista y vicitimizante, entre crecer y aprender o sentirme inferior y derrotado. Y el que puede escoger la actitud eres tú, y solo puedes cambiarla en el momento en que tomas conciencia y desde el presente, tomas esa decisión.

Les estaremos dando una de las más grandes herramientas, el control sobre su vida y lo que les sucede. Y así, juntos seguiremos creciendo, aprendiendo y avanzando.

miércoles, 6 de junio de 2012

Tienes que quererte a ti misma

Cuando uno decide tener hijos, comienza a pensar recurrentemente en el futuro. Cada día de la vida de los padres esta signado por una imagen de los hombres y mujeres que quieren que sean sus hijos, y en base a eso vamos educando a nuestros niños. Algunos padres quieren que sus hijos tengan lo que ellos no tuvieron. Otros quieren que sus hijos vivan una vida que ellos hubiesen querido vivir: ser pianistas, ser abogados, viajar, tener una boda de ensueño. Casi todos tenemos fantasías donde vemos a nuestros pequeños recibiendo medallas en las olimpiadas, y hasta el premio Nobel: Nos sentiríamos tan orgullosos. Nos sentiríamos unos padres triunfadores, pero pocas veces nos preguntamos cómo se sentirían ellos. Tratamos de darles todas las herramientas que les permitan "triunfar" en el mundo: karate, inglés, pasarela, etiqueta....aun cuando es probable que las mismas herramientas sean completamente inútiles en el mundo de dentro de 15-20 años. El otro día recordábamos con mi esposo cuantas horas de escuela perdimos aprendiendo taquigrafía, mecanografía, dibujo técnico, caligrafía Palmer...cosas completamente inútiles en el mundo de hoy en día. 

Yo he pensado mucho en esto. Trato de imaginarme que serán de grande mis muchachos. Me resulta difícil imaginarlos adultos. Pero de algo estoy segura: no importa lo que yo quiera o desee para ellos, serán ellos los que decidan. Y yo solamente podré estar allí para apoyarlos y darles ánimo en lo que decidan. Lo único que yo quiero para ellos es que sean felices. Sí, así de sencillo, que sean felices, que tengan paz en su corazón. Mas allá de que sean exitosos, yo quiero que disfruten de su vida y que a través de su felicidad puedan llevar felicidad a los que están a su alrededor. Como madre mi deseo es darles los fundamentos para que ellos construyan esa felicidad. Y a mi entender el amor es la base, la garantía de una vida feliz: yo quiero que se sientan amados cada día para que sepan lo valiosos y hermosos que son, y puedan conocerse, aceptarse y amarse a ellos mismos, y así amar sin miedos ni restricciones a los que están a su alrededor.

¿Cómo se enseña a amar? En primer lugar, amándolos por supuesto. Comprendiendo la importancia de amarlos y de hacerlos sentir amados, que no es necesariamente lo mismo. Cada día, a cada minuto. Cuando son adorables y encantadores, y cuando lloran sin parar por horas. Cuando hacen sus tareas, y cuando no quieren hacerlas. Cuando son todo lo que siempre soñamos en un hijo, y cuando son la peor pesadilla que podamos tener. Solo así les podemos enseñar que el amor está por encima de todas las barreras, y que pueden atreverse a experimentar la vida y equivocarse, y encontrar quienes son realmente en su interior,  sin miedo a dejar de ser amados.

La otra base fundamental para enseñarles a nuestros hijos a amarse, es por supuesto ser nosotros el ejemplo de ello. Recordemos que nuestros hijos aprenden a copiar nuestras conductas y actitudes. ¿Cómo podemos enseñarles a amarse, si nosotros no lo aplicamos a nosotros mismos? Tenemos que aprender a amarnos, a aceptarnos, a perdonar nuestros errores. No es fácil...se requiere un gran trabajo interno para lograrlo, pero es esencial. Es un trabajo de cada día. Cambiar nuestra actitud hacia nosotros mismos. Tratarnos con respeto, y exigir el respeto que merecemos. Cuidar nuestro cuerpo con amor. Cuidar nuestra alma. Eliminar de nuestro vocabulario las palabras despectivas para con nosotros mismos. Rodearnos de belleza, de cosas positivas. Mirarnos al espejo con satisfaccion, y caminar por la vida con la certeza de que somos unicos y especiales. 

Y bueno, en eso andamos. Aprendiendo para enseñar.





lunes, 21 de mayo de 2012

Las madres tambien nos enfermamos.

"Hace unos dias recibi una noticias muy fuertes. Noticias que cambiaran mi vida y la de mi familia. Desde ese momento mi cabeza da vueltas y vueltas, pensando mil cosas, pero sobre todo pensando en mis hijos, en su futuro, en lo que va a ser su vida."

Estas fueron las escasas lineas que logre escribir cuando todavia estaba en shock por el diagnóstico, unos dias antes, de un tumor en mi mama izquierda. Hoy se cumple un año exacto de ese duro día en que me dijeron que tenía cancer. Parece mentira que haya pasado un año. Recuerdo con lujo de detalles cada minuto: la cara de preocupación de la técnico que me estaba haciendo la mamografía, como me corrían las lágrimas por las mejillas mientras iba de regreso a mi casa, y sobre todo el miedo. El miedo a la muerte, que parece que siempre va de la mano de ese diagnóstico tan terrible.

Una de las cosas que me pasaba por la cabeza insistentemente, era lo injusto que era que me pasara esto cuando estaba en pleno disfrute de mi bebe, de apenas 9 meses de edad. Luego de tener mi primer hijo mi esposo y yo habíamos buscado insistentemente tener otro bebe. Luego de casi cinco años y dos perdidas, lo habíamos logrado y recien parecia que le dabamos la bienvenida al mundo a nuestro pequeño angelito. Y ahora esto...¿como se compagina la vida en familia que siempre has soñado, con un imprevisto como esto?. Sentía que me estaban jugando una cruel broma pesada.

Pensaba más que nada en mis hijos, de una manera distinta a como siempre había pensado en ellos. Trataba de imaginarme como sería para ellos vivir sin mí. Sabía que tienen un padre maravilloso y muy capaz de sacarlos adelante con bien, pero por más que lo intentaba no me imaginaba como iban a sobrevivir sin el amor de mami, sin mis mimos, sin mis cuidados... ¿serían los niños que siempre soñé que serían? Como podía yo hacerles tanto daño...abandonarlos. Marcarles la vida para siempre. ¿Se acordarían de mí? ¿Me odiarían por haberlos dejado? El más pequeño seguramente ni sabría que había tenido una mamá. Pero seguro que el mayor si se acordaría.

A medida que pasaban los días, las preocupaciones se iban sumando. Ya no era sólo que pasaría si se quedaban solos, sino que a medida que el tratamiento iba progresando, y me iba sintiendo cada vez más débil, me preguntaba cómo iba a poder ocuparme de ellos. ¿Cómo decirles que estaba enferma? ¿Cómo prepararlos para lo que iban a ser unos difíciles meses? ¿Cómo explicarles que ya no podía hacer con ellos muchas de las cosas que antes hacía? Me sorprendió gratamente lo sencillo que fue para ellos adaptarse a la nueva situación en casa. Comprendieron con una increíble madurez cuando no me sentía bien, cuando no quería salir de casa, cuando necesitaba dormir...hasta comprendieron con naturalidad cuando se me cayó todo el cabello en cuestión de unos días, y cuando mami se quedó sin una tetica luego de la operación. Probablemente las cosas en las que nunca pensé, fueron las más difíciles: Gracias a Dios la abuelita de mis bebes estuvo ayudándonos en casa, porque las cosas más sencillas y cotidianas se convirtieron para mi eran grandes retos. Aprender a tolerar cuando la ropa se acumulaba en la cesta, o la casa estaba muy desordenada, y yo no tenía fuerzas para levantarme a hacerlo. Y ni hablar de preparar comida, en cuanto entraba a la cocina y olía algún condimento, tenía que salir corriendo a vomitar. 

En fin, ha pasado un año…y la casa sigue ahí, y mis hijos siguen bellos y sanos. Si acaso, toda esta experiencia les ha enseñado a ser mas compasivos y comprensivos, y a mí me ha enseñado a tener confianza en ellos. Ellos son más fuertes e inteligentes de lo que yo pienso. Adaptarse a las circunstancias de la vida y seguir adelante, apoyándonos unos a los otros, y amándonos sin importarnos las condiciones, eso es lo que nos hace una familia.




jueves, 17 de mayo de 2012

Aqui estoy de nuevo

Si, aquí estoy...casi un año después. ¿Pensaban que me había ido, que había desaparecido? Pues la verdad es que yo no quería desaparecer, pero a veces la vida le cambia a uno los planes. Nunca me imaginé cuando empecé a escribir este blog lo que la vida me tenía preparado. Muchos de Uds. lo saben ya, pero para los que no, les cuento que a pocos meses de haber comenzado esta aventura, me diagnosticaron un Cáncer de mama. Fueron momentos difíciles, sin duda alguna. No me sentía de ánimo de escribir. Pero ahora, casi un año después, con el tratamiento exitosamente terminado, tengo muchas cosas nuevas que contar y qué decir. Así que aquí estoy de nuevo. 

Es por eso que quiero compartir con Uds. una carta que le escribí a mi tumor, recién terminando mi tratamiento, y la cual envíe al conocido "Concurso Cartas de amor de Montblanc". Mi carta fue seleccionada entre las casi 2000 cartas participantes y ganó, no sólo el segundo lugar del Concurso, sino también el premio del público, lo cual fue un gran honor. Fue una experiencia maravillosa y sanadora, que me permitió cerrar un año de aprendizaje y sacrificio, mío y de mi familia, con una nota festiva. Además me permitió darme cuenta de lo importante que es para mí escribir lo que siento, y que debo mantenerme fiel a esta práctica. 



A continuación les transcribo la carta.



Mí querido tumor:
Puede parecerte extraño que te escriba una carta de amor. Para serte honesta a mí también me sorprende un poco. Mis sentimientos hacia ti han sido siempre muy confusos, y mi relación contigo siempre ha sido complicada. Mucha gente pensaría que esta debería ser una carta de odio, de desprecio. Todo lo contrario, esta carta está llena de respeto, y de agradecimiento. Como podría yo odiarte si eres parte de mi, si eres carne de mi carne.  Si algo he aprendido estos meses ha sido aceptarte como parte de mí. Aun ahora que te digo adiós, se que tu memoria siempre quedara conmigo y que mi vida no será nunca la misma, después de haberte tenido dentro.
Yo no te esperaba: estaba demasiado ocupada con mi vida, con mi felicidad. Llegaste sin ser invitado, en el momento más inoportuno, y te metiste dentro, muy cerca de mi corazón, escondido bajo mi seno izquierdo. Allí te instalaste calladamente,  mientras yo estaba distraída, primero con la otra vida que crecía dentro de mi vientre, y luego completamente sumergida en la dicha enorme de amar a un hijo.  Y tú silenciosamente crecías y crecías, alimentándote de mi ignorancia. Qué extraño me resulta pensar ahora que al mismo tiempo mi cuerpo albergaba y alimentaba a la vida y a la muerte, al amor máximo y al enemigo mayor.
El primer recuerdo que tengo de ti, es el de un fuego que me quemaba el pecho. No el fuego apasionado del amor, ni ese que te sube por el rostro cuando te sonrojas. Este fuego era doloroso, como si me pusieran alcohol en una herida abierta. Una urgencia que impulsa a soplar para aliviarla. Ya en ese momento intuía que algo vivía bajo mi piel, pero yo me negaba a verte y te llamaba por otros nombres para pretender que no existías.
Pero como siempre, llegó el momento de enfrentar lo inevitable, y en una sala helada, te vi por primera vez claramente. No tuvimos tiempo de conocernos, de ser amigos primero, hubo urgencia de mirarte a los ojos y de escuchar tu nombre de los labios de otra mujer, que entendió mis lágrimas sin preguntar nada. Cáncer. Luego vinieron muchas noches de insomnio, pensándote, esperando saber tu apellido, tratando de imaginar la vida (o la muerte) contigo, preguntándome de donde habías venido, revisitando una y otra vez el futuro y el pasado, pero sobre todo llorando, calladita para no despertar al que dormía a mi lado. ¿Cómo explicarle a él mi miedo, cuando cada noche me besaba y me decía que todo iba a estar bien?  ¿Cómo decirle que esto era entre tú y yo, y que él no podía entrometerse? Ese hombre que me ha amado como nadie, y que hasta estuvo dispuesto a aceptarte durmiendo entre nosotros. No podía hacerle eso a él. Por eso durante el día me esforzaba intentando que todo siguiera igual, no me sentía enferma ni me dolías y hasta a ratos parecía que no existieras, que te hubiera soñado. Pero de repente me asaltaba tu certeza en la sonrisa de mis hijos, o en unos planes para el futuro, en una frase inocente que alguien decía, o en un comercial de televisión. Todo parecía haber perdido importancia, solo tenía pensamientos para ti. Intentaba en vano mantenerte lejos de mi mente, porque sentía que pensarte te daba poder sobre mí. Quería ignorarte, pero aparecías por todos lados.
Vinieron salas frías, esperas interminables, decisiones que no quería tomar. Hablaba de mi futuro y el de mi familia con médicos que no conocía, que hablaban acerca de ti como si te conocieran a pesar de que no te habían tenido nunca tan cerca como yo. Y fui añadiendo a mi diccionario palabras que no conocía, nombres de medicinas, de médicos. Las salas de espera se convirtieron en mi casa y ahí tú y yo estábamos a solas, mirándonos a los ojos, tomándonos las manos como adolescentes. Abrí mis venas y mi cuerpo para poder llegar a ti. Agujas, tubos, botellas, jeringas, sangre, fluidos entrando y saliendo. Recuerdo que me irritaban las conversaciones de otros pacientes, las recomendaciones y comentarios interminables de la gente: agua de coco, sopa de miso, tomate de árbol, el libro de Eva, deja los lácteos, no uses anti-transpirante, mi hermana se curó de eso, fulanita se murió de aquello. Nada me importaba…éramos tu y yo encerrados en nuestra batalla, y el miedo, y el cansancio.
Me arrebataste los pequeños y grandes placeres de la vida. El olor del café de las mañanas, una buena comida, un libro agradable, el calor del sol sobre la piel, una película, jugar con mis hijos, una copa de vino, el intimo abrazo de mi esposo. Todo desapareció, solo me consolaba dormir. Me miraba al espejo por las mañanas buscando en mis ojos la vida, la alegría, la fuerza para seguir adelante. Mi rutina se convirtió en un ir y venir de medicinas en inyecciones. Cuando me preguntaban que me apetecía, decía invariablemente nada. Eso era lo que me quedaba, nada. Solo la inercia de levantarme cada mañana, el tetero de los niños, llevarlos al colegio, hacer las tareas. Una seguidilla de obligaciones y citas a las que atender. Solo el amor infinito de mis tres hombres me mantenía andando cada día, y aún a ellos tuve que decirles que no, que no, que no, tantas veces. Alguien me dijo que este era el momento de ponerme primero yo. La realidad es que eras siempre tu el que estabas primero.
Me salvo el amor. Recuerdo verme reflejada en los ojos de mis hijos, y pensar en lo que sería su vida sin mí. En ese preciso instante decidí que no, que eso no iba a pasar, que era hora de decirte adiós. Y entonces algo se rompió entre nosotros, y comencé a verte distinto. Tuve la certeza de que estabas allí por mí, y nadie podía sacarte si no era yo. Comencé a buscar dentro de mí la fortaleza para despedirme. Cada noche te miraba a los ojos y te decía que ya, que la lección estaba aprendida, que yo te había creado y ahora tenías que irte. Mientras se me llenaba el cuerpo con veneno tumbada en un sofá, te iba viendo alejarte. Tu poder sobre mi iba disminuyendo cada día, a pesar de lo débil que me sentía, a pesar de los glóbulos blancos por el piso, a pesar de las nauseas, sabía que yo tenía en mi la fuerza para dejarte ir. Me veía al espejo y me decía que a pesar de estar calva, sin cejas ni pestañas, con los labios pálidos, era hermosa y valiente, y que me amaba más a mí que a ti, y que uno de los dos tenía que irse, y no iba a ser yo.
Y así fue, poco a poco fuiste alejándote, haciéndote mas y mas pequeño. Te arranque de mi pecho con lo que quedaba de él,  y asumí mi cicatriz con el orgullo con que se presume una marca de guerra. Y luego vino una cita diaria con un rayo invisible que te termino de desvanecer. En mi mente, esa era una espada que yo empuñaba y con la que te atravesaba el pecho. Allí, recostada y enfrentada con una fría maquina, vestida con una bata de papel y con el pecho pintarrajeado con tinta negra, termine de despedirme de ti, para siempre. Y entre lágrimas te di las gracias por todo, y volví a mi vida. A recuperar poco a poco lo que te llevaste.
Ahora que finalmente te has ido, queda tu memoria, tu recuerdo, tus huellas. Estoy consciente de que hay que pasar la página, pero no puedo hacerlo sin agradecerte todo lo que me has dado. Todo lo que me quitaste me lo has devuelto poco a poco, y ahora esas pequeñas cosas son tesoros invaluables para mí. Nunca sentí tan delicioso el aroma del café en la mañana, ni disfrute tanto leyendo de un solo tiro un libro. Nunca antes me reí como me rio ahora. Ya no pierdo mi tiempo en rencores inútiles, en miedos absurdos. El sol caribeño me acaricia y tengo amor en mi vida. No necesito más. Tú cambiaste mi vida para siempre, para bien. Gracias a ti llevo una sonrisa en los labios cada día. Me has hecho feliz de una manera que solo yo entiendo. Me siento bendecida de haberte conocido y de haberte tenido tan cerca.
Ahora vete, eres libre. Yo soy libre, verdaderamente libre.



En mi proxima entrada les hablare un poco de los retos y recompensas de  ser una madre con Cáncer. 


Mientras tanto les dejo tambien las palabras de agradecimiento que escribi a raiz del triunfo en el Concurso. 



Estimados amigos:
Desde hace semanas me ronda en la cabeza la enorme deuda que tengo con la vida por haberme regalado todas las hermosas (y a veces duras) experiencias que he vivido este último año, especialmente después de ver la respuesta que ha recibido la carta que le escribí a mi tumor. Tendría que escribir montones de cartas de amor y nunca estaría ni cerca de expresar lo enriquecedoras y sanadoras que han sido estas últimas semanas. Me siento colmada de bendiciones y tengo tanta gente a la cual manifestarles lo importante que han sido, que temo olvidarme de alguien. Por eso diligentemente y con paciencia escribí estas líneas:
Quisiera comenzar por agradecer a la gente que hizo posible, con su profesionalismo y mística profesional, el que yo esté aquí hoy: al equipo de maravillosas mujeres doctoras que me tomaron bajo sus alas: La Dra. Adriana Pizarro, la Dra. Isabel García-Fleury, la Dra. Liliam Vivas y la Dra. Doris Barboza. A la gente del grupo Idaca del Centro Médico de San Bernardino que supieron acompañar con calor humano la difícil noticia del diagnostico. A todo el equipo que con tanta ética y paciencia trabajan en la sala de quimio de la Clínica La Floresta, logrando con sus bromas y camaradería que en esos momentos difíciles uno se sienta entre amigos. Al personal de enfermería y de administración del grupo Arsuve, que siempre nos atendieron con paciencia y cariño. A los técnicos, enfermeras y secretarias del grupo Gurve que diariamente me acompañaron durante la radioterapia. A todos aquellos que me facilitaron la vida, desde cualquier punto de vista, durante el largo período de tratamiento. A mis compañeros pacientes, a los que hicieron las interminables esperas en las salas un poco más llevaderas con sus conversaciones y a veces con sus silencios.
A mis amigos, ustedes saben quiénes, los de siempre, los nuevos, los que no sabía que eran tan buenos amigos. Los que escucharon, ofrecieron, acompañaron, los que se molestaron conmigo porque no les avise antes pero me perdonaron, los que me mandaron besos, los que me mintieron diciendo que estaba bonita aun sin pelo, los que trataron de sonreír y pretender que nada sucedía cuando les dije lo que pasaba. Los que vinieron a tocar la puerta de mi oficina cuando no estaba, los que mandaron correos, los que lloraron cuando escucharon la noticia, y los que no. También a mis amigos virtuales y reales en el facebook y en el twitter, que calladamente aceptaron mis ausencias y me recibieron con los brazos abiertos y sin preguntas, cuando tuve fuerzas de regresar. Gracias por no dejar de seguirme, ni borrarme de sus listas.
A todas y cada una de las personas que se tomaron el tiempo de leer mi carta, de votar, de comentarla, de escribirme, de mandarme su cariño y su solidaridad, sus bendiciones y sus buenos deseos. A los que lloraron y no tuvieron miedo de contarlo. A los que estuvieron conmigo la noche de la premiación, y a los que quisieron estar y no pudieron. A los que me abrazaron como si me conocieran de toda la vida. No tengo forma de expresar lo mucho que significa para mi cada una de sus palabras, no solo un cariño a mi ego, sino la certeza de que el mundo está lleno de historias de amor, y por lo tanto lleno de esperanza.
A los compinches  finalistas del concurso, gente maravillosa que no estuvieron allí por casualidad.  A Carolina, Marianne, Daniel, Albio, Juan Carlos, Mariana, Milena, Cynthia y Reinaldo,  gracias por las risas, la complicidad, la camaradería y la generosidad, de los que saben que comparten un regalo único y sagrado.
Al Concurso Cartas de Amor, sus organizadores y patrocinantes, por haberme dado la oportunidad de vivir la experiencia del amor en su expresión más pura, humana, desinteresada y sin fronteras. Sigan abriendo los corazones de la gente al amor a través de las letras.
A Judith mi hermana adorada que se mantuvo a mi lado y acompañándome todo el tiempo, siempre pendiente de cada tratamiento, de cada  resultado, de cada avance y retroceso, celebrando los triunfos y las buenas noticias como si fueran de ella. También a Carlitos mi hermano, que a pesar de tener su propia tragedia familiar, encontró la manera de hacerme sentir su apoyo. A mi mamá por llorar por mí, cuando yo no podía darme ese lujo, y por entender que yo no lo hiciera. A mi papi bello, por ser ejemplo de fortaleza inconmensurable, e inspiración en esos momentos en que me faltaban las ganas.
A Otilia, la abuelita de mis bebes, que se encargo de mi casa y de mis muchachos cuando yo no podía hacerlo. Gracias por darme la paz de saber que podía confiar en Ud. mis tesoros más valiosos. También a América y Honny y la familia Patriotas por ser la casa a medio tiempo de mis pequeñitos, y hacer que cada mañana saliera tranquila y sonriente a mi vida, sabiendo que mis hijos quedaban en buenas manos.
A mis hijos, por quererme incondicionalmente, por aceptar mi amor arrebatado, protector, celoso, sentimental, meloso, rabioso. Por perdonarme las ausencias, las faltas de ganas, la falta de fuerzas. Gracias por secarme las lágrimas de los ojos, por dejarme dormir la siesta cuando me sentía agotada, por quedarse acostados a mi lado viendo la TV, por no dejar que me hundiera en la auto-compasión, por ser hermosos, sanos, fuertes e inteligentes a pesar de todo lo que han pasado.
A mi gran y eterno amor Manuel, que ha llenado mi vida de milagros, de alegrías, de besos, de la cálida certeza de ser amada como soy. Te agradezco tu fortaleza, tu sonrisa en los peores momentos, tus brazos para arroparme, ese empeño en hacer cada sesión de quimio un viaje a la playa, la certeza contagiosa de que todo iba a pasar. Gracias por ocultarme tu miedo, y por aceptar el mío. Por seguirme amando con esa obstinada convicción, con todo y mis cicatrices. Por pasar nuestro aniversario de bodas rasurándome la cabeza. Por llevarte a los niños a la sala y apagar la tv para que yo descansara. Sobre todo por estar a mi lado, siempre, a cada paso, cada minuto.
Y finalmente, gracias a los tumores, a las mamarrosas, a los ex-esposos, a las niñas  de la radio, a los besos, a los bebes no nacidos, a las mudas y los brutos, a los jefes, a los que montan cachos, a los que mueren y matan,  y a todos aquellos que inspiran cartas de amor, haciéndonos conscientes de lo hermoso que es este viaje llamado vida. Gracias.