El ser madre me ha obligado a replantearme la existencia y mis experiencias previas: la verdad, el amor, la justicia, la amistad, el trabajo, la responsabilidad, la vida... A través de este espacio quiero compartir con mis dos hijos (y con todos lo que lo deseen) este crecimiento que ellos me regalan cada dia.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Feliz Navidad
Desde este pequeño rincón que comparto con Uds. quiero aprovechar para desearles a todos mis amigos una feliz Nochebuena y una Navidad llena de amor, armonía, felicidad, luz y paz. Recuerden guardar un espacio para recordar con sus familias la importancia espiritual de estas fechas y tomarse unos instantes para conectarse con el amor y la celebración de la vida que significa el día de Navidad. Disfruten sanamente, cuidense y reciban un fuerte abrazo.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Los cariños y arrumacos como medicina preventiva.

Hace unos días tuve el placer de asistir a unas Jornadas tituladas "Dolores sin lágrimas: Aproximaciones al dolor psíquico vivido por el cuerpo", organizadas por la Asociación Creando Salud. Fueron dos días muy interesantes donde exploramos de la mano de médicos, biólogos, psiquiatras, psicólogos y otros profesionales, que el dolor y la enfermedad son a menudo un reflejo de las angustias y abandonos que vivimos.

¿Qué significa todo esto para nosotros
como padres? Pues a mi entender, significa tener mayor conciencia de la
importancia que tienen nuestras acciones, gestos y palabras, para el desarrollo integral de nuestros hijos. Entender y tener
siempre consciente que dedicarle tiempo y amor a nuestros bebes no es
malcriarlos, ni consentirlos, sino que es entre otras cosas, la mejor forma de
garantizar una excelente salud para ellos en el futuro. Si las madres
modernas entienden el importante rol que juegan en el desarrollo de la sociedad humana, y
dejan de luchar contra sus propios instintos, si entendemos que el tiempo que
pasamos con nuestros bebes es sagrado, y no una pérdida de tiempo, entonces
estaremos criando/creando una sociedad mas sana tanto emocional, como
físicamente.
Para finalizar, comparto con Uds. una
cita del pediatra y psicoanalista inglés D. W. Winnicott, que copié de una de las presentaciones y me pareció impactante:
"La
necesidad primaria del bebé
no es el alimento,
no es el alimento,
sino ser
alimentado
por alguien que ame alimentarlo"
por alguien que ame alimentarlo"
jueves, 22 de noviembre de 2012
Si no te portas bien...el Niño Jesús no te va a traer juguetes.
"Querido
Niño Jesús, si sigues insistiendo en que me porte bien, voy a tener que decirle
a mis padres que ya sé que no existes." SGR
En segundo lugar, me siento mal cuando alguien le dice a mis hijos que si no se portan bien, el Niño Jesús no les va a traer nada. Creo que ellos saben mejor que nadie, que no importa la cantidad de travesuras, siempre van a encontrar sus juguetes favoritos bajo el arbolito. Y ademas tengo dos grandes problemas con esto: 1- ¿Quien es Santa para decir que es lo que esta bien o no en cuanto al comportamiento de mis hijos? y 2- ¿Porque el amor de Santa debe estar condicionado a como se porten mis hijos?
A mi parecer el mito de Santa o el Niño Jesús es algo nocivo para nuestros hijos, porque les enseñan que deben dejar de ser lo que ellos son, y comportarse de cierta manera para obtener lo que quieren. En otras palabras, les enseña a ser deshonestos con ellos mismos.
Trato de entender porque esta tradición existe y encontrar respuestas al porque los padres nos metemos en este rollo. Supongo que en algún momento alguien pensó que esta era una buena forma de mantener a los niños bien comportados. Muchos nos mentimos diciendo que es una de las ilusiones que definen la infancia, la inocencia...¿Y esa inocencia se merece que nos burlemos de ella?. La verdad es que, cuanto mas lo pienso, mas egoísta me parece hacerle esto a los niños.
Pero por otro lado, no se como salir de este atolladero. ¿Cómo se sentirían mis chamos si fueran los únicos que no creyeran en el Niño Jesús? ¿Cómo explicarles a los que los rodean en el colegio, la familia y los amigos que nuestros hijos no creen en Santa?
A medida que se acerca la temporada navideña, me empieza a entrar siempre una especie de sentimiento de culpa. Nosotros, como casi todos los padres hemos caído en la trampa del Niño Jesús. Mis dos hijos creen que en la mágica noche de la Navidad el Niño Jesús (o Santa que trabaja en sociedad con él), vienen a casa a traer los regalos a los niños que se portan bien. La verdad es que estoy empezando a pensar que esto del Niño Jesús es una idea terrible.


En primer lugar, a medida que mi hijo mayor va creciendo, sus preguntas se hacen cada vez mas difíciles de responder, y no sólo me siento culpable de mentirle, sino que temo que en cualquier momento se va a dar cuenta de que lo he estado engañando. Y no puedo evitar preguntarme como me sentiría yo si mis padres, que se supone que son las personas mas cercanas a mi, me han estado mintiendo durante varios años.
En segundo lugar, me siento mal cuando alguien le dice a mis hijos que si no se portan bien, el Niño Jesús no les va a traer nada. Creo que ellos saben mejor que nadie, que no importa la cantidad de travesuras, siempre van a encontrar sus juguetes favoritos bajo el arbolito. Y ademas tengo dos grandes problemas con esto: 1- ¿Quien es Santa para decir que es lo que esta bien o no en cuanto al comportamiento de mis hijos? y 2- ¿Porque el amor de Santa debe estar condicionado a como se porten mis hijos?
A mi parecer el mito de Santa o el Niño Jesús es algo nocivo para nuestros hijos, porque les enseñan que deben dejar de ser lo que ellos son, y comportarse de cierta manera para obtener lo que quieren. En otras palabras, les enseña a ser deshonestos con ellos mismos.
Trato de entender porque esta tradición existe y encontrar respuestas al porque los padres nos metemos en este rollo. Supongo que en algún momento alguien pensó que esta era una buena forma de mantener a los niños bien comportados. Muchos nos mentimos diciendo que es una de las ilusiones que definen la infancia, la inocencia...¿Y esa inocencia se merece que nos burlemos de ella?. La verdad es que, cuanto mas lo pienso, mas egoísta me parece hacerle esto a los niños.
Pero por otro lado, no se como salir de este atolladero. ¿Cómo se sentirían mis chamos si fueran los únicos que no creyeran en el Niño Jesús? ¿Cómo explicarles a los que los rodean en el colegio, la familia y los amigos que nuestros hijos no creen en Santa?
En fin...un problema difícil de solucionar. ¿Alguien tiene sugerencias?
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Dale un tecito para que se tranquilize.
Tengo la suerte de tener dos maravillosos hijos varones. Como todos los niños, a mis hijos les encanta jugar y estar en movimiento. El mayor tiene siete años y medio, como el mismo dice con mucho orgullo, y le encanta jugar videojuegos y ver vídeos en Youtube. Es muy bueno en matemáticas, no tanto en educación física, y en general no tiene mucha paciencia. Pero es muy responsable: hace sus tareas solo, y cuando yo llego del trabajo lo ayudo a corregir lo que ya hizo o completar lo que no pudo hacer solo. Su hermanito tiene 2 añitos, y le encanta cantar, bailar y correr. No le gusta sentarse a hacer tareas, pero le gusta colorear.
En resumen, tengo dos hijos muy distintos entre si, con sus cosas extraordinarias cada uno, pero dentro de todo, niños normales. Por eso me sorprendió cuando la nueva maestra de mi hijo mayor, que esta empezando segundo grado, me dijo que el era un niño "nervioso". No entendí que quería decir con eso, y le pregunté. Me dijo que el se paraba, se sentaba, se le caían las cosas...y que en eso perdía mucho tiempo. Efectivamente, mi hijo es así, pero considero, por lo que he visto, que esta es la conducta normal de un niño de su edad. Le pregunté a su maestra, algo sorprendida, si era el único así en el salón y me contestó que no, que tenía varios niños "problemáticos". Es decir que ese comportamiento, que yo encuentro completamente normal, era considerado por la maestra como "problemático". Y como si fuera poco, completó su "diagnóstico" recomendándome que le diera un tecito o unas flores de Bach para que se tranquilizara.
Por supuesto que salí un poco indignada de esta conversación. Me hizo recordar un debate que he seguido ya por algún tiempo con relación a los niños diagnosticados con Síndrome de Deficiencia de Atención e Hiperactividad. Algunos sociólogos consideran el SDAH como un "ejemplo clásico de la medicalización de una conducta diferente, que redefine un problema no médico, como un sindrome clínico" (Parrillo, Vincent (2008). Encyclopedia of Social Problems. SAGE. p. 63.ISBN 978-1-4129-4165-5. Retrieved 2009-05-02.). Mi muy personal opinión es que probablemente existan algunos casos reales de desbalance de neurotransmisores que requieran el uso de medicación, pero que en un alto porcentaje de casos no se justifica que los niños sean diagnosticados y medicados por un comportamiento completamente normal a su edad. Y honestamente me cuesta creer que cerca del 15% de los niños de EEUU sufran de un desorden neurológico y necesiten ser medicados.
Los adultos nos hemos olvidado de lo que es normal en el desarrollo humano, y pretendemos que los niños son un disco duro vacío en el cual grabar información. Nos olvidamos de la importancia del juego, de la actividad física, del descanso, de la creatividad, en nuestro desarrollo como seres integrales. Pretender que un niño que esta en formación se mantenga sentado en una silla, en silencio y concentrado en una labor, por mas de media hora, no es natural. Por supuesto es mas fácil que lo haga cuando lo tranquilizamos con un tecito o con medicamentos, y probablemente eso haga muy feliz a sus maestros y a algunos padres. Tampoco estoy segura de que la respuesta de la educación tradicional sea mejor: castigarlo, y hacerlo sentir mal por lo que para el es natural afecta su autoestima y puede dejar importantes secuelas. Además, pensar que todos los niños tienen que tener las mismas destrezas y habilidades, el mismo temperamento, los mismos gustos, es negar la individualidad que nos hace únicos.
Para terminar mi historia, cuando la maestra me preguntó si había algo en casa que causara el "nerviosismo" de mi hijo le conteste que probablemente era mi culpa, porque yo era también así cuando era pequeña: intranquila, habladora, curiosa, inquieta, soñadora. A mi no me dieron ningún tecito, gracias a Dios, porque hoy en día considero que esas características, algunos son algunos de los rasgos mas positivos de mi personalidad. Si no contara con esas cualidades, no tendría la profesión que tengo para empezar, ya que vivo de hablar y de curiosear.
Supongo que la maestra hubiera querido castigarme por ser tan "contestona", pero afortunadamente no soy una de sus alumnas.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Vamos a "cepillarnos" la mente
Como padres, y casi desde el nacimiento de nuestro primer hijo nos obsesionamos con la higiene. Yo he aprendido que esto no es necesariamente sano, ni para ellos ni para nosotros. Pensamos que manteniendo a nuestros hijos casi estériles los protegemos de enfermedades, pero lo cierto es que la ciencia recién empieza a entender que el exceso de higiene puede ser mas perjudicial que beneficioso.
Pero en realidad no es de esto que quiero hablarles hoy. Lo que quiero plantear es que, al igual que exigimos a nuestros hijos (y a nosotros) cepillarnos los dientes luego de cada comida, y lavarnos las manos al llegar de la calle, deberíamos educarlos en la necesidad de cuidar su mente y hacer higiene preventiva de sus pensamientos.
Durante años he escuchado de la higiene mental y de la importancia de limitar los contenidos violentos que ven nuestros hijos. Pero ha sido solo recientemente que he comenzado a entender en profundidad la importancia de esta "prevención". Como parte de un proceso de crecimiento personal me he puesto "a dieta" mental. Ese régimen que no es mas que una toma de consciencia y de responsabilidad con relación a lo que dejo que llegue a mis pensamientos, me ha permitido darme cuenta de la cantidad de cosas negativas a la que sometemos a nuestra mente. Los mensajes negativos están alrededor de nosotros todo el tiempo: libros, comerciales, películas, frases, conversaciones, etc. etc. Incluso muchas veces en material que consideramos "seguro" como canciones o programas de comedia, están llenos de mensajes que distorsionan nuestro contacto con nosotros mismos. La mayoría de las veces no nos damos cuenta de que están allí, y los dejamos pasar. Pero cuando empezamos a vivir expandiendo nuestra conciencia, empezamos realmente escuchar lo que antes solo oíamos.

Te invito a escuchar con la mente abierta los mensajes que le da la vida (y tu) a tus hijos. A pensar acerca de lo que hay detrás de cada instrucción, y a conversar mucho, mucho, mucho. Obviamente no todos los mensajes pueden ser filtrados o controlados por los padres, pero conversando y discutiendo con nuestra familia acerca de ellos, les enseñamos a nuestros hijos a ser críticos con lo que creen, a preguntarse si realmente las cosas son de una manera u otra, y a que ellos mismos expandan su conciencia.
Y me encantaría que me contaras ¿que mensajes ocultos has encontrado en el entorno de tus hijos?
miércoles, 10 de octubre de 2012
Aprendiendo de la derrota.
En
primer lugar, quiero pedirles disculpas por que este post cambia un poco la
tónica habitual de mi blog. Normalmente me enfoco en mis hijos y experiencias
que vivo con ellos. Pero sumida como estoy aún en las múltiples emociones del
pasado fin de semana, por las elecciones presidenciales en Venezuela, no podía
dejar de escribir sobre esto.
"Mami,
te quería responder este mensaje en cuanto lo vi, pero de verdad decidí que no
podía mas y trate de irme a dormir. No se si mucho de ustedes Venezolanos lo
lograron, pero yo no he podido pegar ni un ojo. Calmarme, eso sí que lo he hecho
pero aun falta.
En cuanto a tu mensaje, lastimosamente no estoy decaído, estoy tumbado. Ya
veremos como el tiempo eventualmente ayuda a levantarme, pero ningún comentario
de nadie y me de consolación tiene ese poder.
Ese mensaje, esos números, la verdad tienen muy poco valor. Estaba claro que
aumentaríamos, al igual que está claro que seguirá aumentando, pero con esos
números lo único que haces es decirte a ti mismo "en las próximas
llegaremos al número correcto, a lo suficiente para ganar". Con esa misma
idea me he formado toda (disculpen la palabra) MI PUTA VIDA.
Hablas de que el futuro es mío, y todo eso. Es cierto lo es, pero a mi modo de
vista me congelaron y robaron 6 años de futuro, no solo mío sino de todos. Seis
años más en la misma situación, seis años mas de desespero constante,
incertidumbre de no saber que va a pasar. Si el día de mañana podré hablar con
la misma gente y si todo ahí estará. Nadie se merece eso, no importa ideología
ni opinión política, eso es un hecho.
Las palabras del Tío la verdad, que ni las entendí. Si no lo intentas por sea
el motivo que sea, no tienes porque sentirte defraudado. Porque?? No hiciste
nada al respecto pudiendo haberlo hecho. a demás yo personalmente no me siento
defraudado en lo absoluto. Me siento impotente a pesar de haber votado, me
siento triste por saber que tengo que ver a Venezuela seis años mas por ese
mismo camino, me siento asqueado por la ignorancia de muchos. El país,
Venezuela si sigue ahí y nadie lo borrara del mapa. Mi país, eso es una cosa
totalmente diferente. Mi país fue en el que yo nací hace ya 19 años. El país en
el cual vives no es ni la sombra de aquel y mucho menos la sombra de lo que
puede ser y quiero que sea.
Ahora esto si va dedicado a ti directa y personalmente. Aprecio que me quieras
consolar de cualquier modo pero no gracias. Yo te quiero, te aprecio, y te
seguiré queriendo. Te deseo y deseare todo lo mejor en todos los aspecto para
ti y todos a tu alrededor, pero de política o sobre MI país o el tuyo no quiero
que hablemos. Espero que la próxima vez que vaya, quien sabe cuándo y por cual
motivo, compartamos más que un solo día y que sean como cuando yo era pequeño.
Mami tu sabes que yo los adoro y como me dijiste tu por teléfono, seguirán
haciendo lo mismo de siempre como si nada hubiera pasado. Yo como ya te dije
también, no los quiero ahí, en medio de un peligro constante y un país que se
les viene encima en todos los ámbitos. Lamentablemente yo sé que no es fácil.
Los quiero demasiado a todos, y tú sabes cuánto los amo y adoro. Por favor cuídense
demasiado y que nada les pase, porque no me lo perdono. Habrá que aguantar y
echar pa' lante.
PD: Escribo sin ánimos de consuelo, solo necesitaba desahogarme. Si tienen algo
que decir sean precisos porque no quiero tema de discusión o desacuerdo. Esas
palabra fueron simplemente lo que hoy Lunes 08/10/2012 a las 12:11PM hora de
Alemania, salieron de mi mente y mañana será otro día."
Varias
cosas me pasaron por la mente después de leer esto. En primer lugar una enorme
tristeza de saber que un joven venezolano podía sentirse tan decepcionado del
país, tan ajeno a su propia tierra. En segundo lugar la me llama la atención
que el está convencido de que no tiene futuro, de que esa decisión le arrebata
su felicidad.
Desde
el punto de vista personal su escrito me hizo pensar en la importancia de que
nuestros muchachos aprendan a manejar su vida desde el punto de vista emocional
y a distinguir entre las circunstancias externas y la actitud con la cual las
enfrentamos.
La
verdad es que cuando obtenemos algo distinto a lo que deseábamos como resultado
de nuestras acciones, es normal tener sentimientos de frustración, impotencia y
tristeza. Pero cuando dejamos a un lado los juicios y entendemos que nada de lo
que pasa es bueno o malo, y que todo puede ser para crecer, nuestra visión
cambia. Se nos hace mucho más sencillo entonces aceptar y dejarlo fluir. Cuando
entendemos que solo nosotros tenemos el control sobre cómo nos sentimos y como
afrontamos nuestra realidad, entonces es mas sencillo salir de la tristeza y
enfocarnos en emprender un nuevo camino.
Por
eso he insistido en volver a nosotros mismos la mirada en estos momentos y
tratar de buscar soluciones, cambiar patrones, y asumir responsabilidades. Solo
así podemos aprender las lecciones y seguir creciendo y andando hacia lo que
queremos, sin juicios ni apegos.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Deja de llorar, que ningún niño esta triste.

En estos días el mundo de nosotras las madres está marcado por la vuelta a clases de nuestros chiquitos. Eso significa cambios y adaptaciones para todos en casa, después de casi dos meses de vacaciones. Y adaptarse a cosas nuevas, siempre requiere de tiempo y paciencia. Pero en este mundo agitado y apurado para no llegar a ningún lado, el tiempo y la paciencia no son bien vistos.
En la guardería a la que asiste mi pequeñito de dos años, los niños lloran desconsolados cuando sus padres los dejan. Mi chiquito también llora, yo lo abrazo. Los padres primerizos lloran. Los que ya hemos pasado por esto antes nos vamos con el corazón arrugado, pero con la convicción de que todo va a estar bien. Las maestras se ríen, porque saben que repiten el ritual de todos los años. En el fondo, todos sabemos que es “normal” que las primeras semanas sean difíciles, y que para el niño es una valiosa experiencia.

Y eso mismo lo hacemos en nuestra vida, y con nuestros sentimientos, porque así nos enseñaron. Si me siento triste, salgo a comprarme algo, o a echarme unos palos, o a buscar a alguien alegre que me saque de esta depre. Pero pocas veces nos detenemos a pensar porque me siento de esta manera, a conectarme con ese sentimiento.Lo cierto es que nuestros sentimientos, y los de nuestros hijos, son la manera que tiene nuestro cuerpo y nuestra alma de expresarse, y son parte de lo que somos como seres humanos.
Los sentimientos son un feedback interno. Cuando ignoramos nuestros sentimientos, nos ignoramos a nosotros mismos. Cuando le enseñamos a nuestros hijos a no dar valor a lo que sienten, les enseñamos a que no confíen en sí mismos, a no valorarse. Les enseñamos que son los demás los que deben decirle como sentirse, y que si los demás están contentos y felices, ellos deben estarlo también, aunque se sientan en realidad miserables.
El coach Luis Diaz lo explica maravillosamente en el siguiente video.
Por eso te invito a evitar decirles
a tus hijos como deben sentirse. Trata de entender porque se están sintiendo de
esa manera, y ayúdalos a ellos a comprenderlo también. Abrázalos, consuélalos,
diles que los quieres. Aprende a aceptar lo que sientes y dejarlo fluir y enséñales
a tus hijos a hacerlo también. Recuerda que nuestros sentimientos, tanto buenos
como malos, son parte de lo que somos. Aceptémonos y amémonos como somos.
viernes, 14 de septiembre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
Lo que tienes y lo que eres son cosas distintas
Una de las cosas que siempre me ha
preocupado con relación a la crianza de mis hijos, ha sido educarlos para que
valoren las cosas en su justa medida. La presión social y publicitaria para
tener y tener cosas es siempre muy fuerte. Y seamos honestos, todos deseamos
tener cosas bellas, sofisticadas, útiles y modernas en nuestras vidas. No hay
nada de malo en eso. El problema surge cuando empezamos a pensa que lo que
tenemos define lo que somos. Los adultos estamos tan confundidos con este tema,
tan desconectados de nuestro verdadera esencia, que hemos realmente llegado a
creer que somos mejores o peores que el vecino porque tenemos un carro último
modelo, o un teléfono más moderno. Lo cierto es que las cosas no nos
llenan ni nos definen, pero estamos tan cegados que solamente nos damos cuenta de que es así, cuando por fin tenemos estas cosas. Eso explica por que tanta gente exitosa, con mucho dinero, y con todas las cosas que el dinero puede comprar, llevan una vida triste y miserable, y
terminan sus vidas en las drogas, el alcohol y hasta el suicidio.

Por eso es importante hablar con nuestros hijos acerca del valor de las cosas materiales, y hacerles
ver que lo que ellos quieren realmente no es el objeto, sino la emoción que ese
objeto despierta en ellos. Y ayudarlos a entender que esa emoción pueden
obtenerla con ese objeto, pero también de otras maneras. De esa manera, su
mundo y su felicidad no girara exclusivamente alrededor de lo material.
Entender que detrás de cada cosa material realmente esta lo que ese objeto
genera en nosotros, y que eso puede ser distinto para cada uno, es clave
para que tanto ellos como nosotros aprendamos a colocar nuestro enfoque en la
experiencia que buscamos, y no en el objeto.

Así que antes de correr a comprar ese juguete que sabes que hará feliz a tu hijo, piensa de que otra manera puedes hacerlo feliz.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Cuida lo que sale de tu boca

Esto me hizo pensar mucho acerca de lo que
está pasando a nuestro alrededor en términos de violencia y malos tratos entre
adultos, y en cómo influye en nuestros hijos sin que muchas veces nos demos
cuenta. El lenguaje que utilizamos a diario tiene una enorme importancia en
moldear nuestro comportamiento, y con mucha más razón el de nuestros hijos, tal
y como lo establecen los principios de la Programación Neurolingüistica o PNL.

Más tarde, mientras almorzábamos juntos,
se lo expliqué a mi hijo. Parecía sorprendido. No entendía del poder de sus
palabras. "Mami, pero todos los niños en mi colegio juegan así, y no pasa
nada". Eso es lo que cree mucha gente, pero claro que si pasa.
Cuando decimos palabras desagradables,
violentas o despectivas, le damos fuerzas y energías a lo negativo, no solo
para los demás, sino también para nuestra propia vida. Las palabras son
escuchadas por nuestro cerebro y eventualmente este se convence de que lo dices
en serio. Y poco a poco tu cerebro termina por creerse que lo que tú dices es lo
que tú realmente eres, y para ser congruente comienza a moldear tus
pensamientos y acciones alrededor de tus palabras.
Es muy importante cuidar lo que dices y
como lo dices, y mantener una vigilancia sobre el lenguaje que usan tus
hijos. Explícales claramente que efecto tienen sus palabras, sobre los demás pero
sobre todo sobre ellos mismos. Enséñales a ser selectivos con lo que dicen y a
tratar de emplear siempre palabras positivas o neutras. Paulatinamente
comenzara a hacerse costumbre para ellos expresarse en los términos que quieren
ser percibidos y con la energía de quienes quieren ser.
jueves, 26 de julio de 2012
Ser diferente no solo está bien, debería ser tu meta.
Hay una reflexión que tiene varias días rondándome
los pensamientos. Tiene que ver con el valor de la individualidad. Pasamos
buena parte de nuestras vidas tratando de ser como los demás, vestirnos a la
moda, ser socialmente aceptados. Desde que somos muy pequeños se nos enseña a
adaptarnos a un molde, a parecernos a los demás o ser un buen niño. Si lo
hacemos, nos premian con aceptación y amor. Si no, nos castigan y nos hacen
sentir culpables.

Recientemente he tomado conciencia de que es
precisamente lo que nos diferencia de los demás, lo que nos hace valiosos y lo
que nos garantiza el éxito. Lo que nos hace diferentes es lo que nos hace destacarnos.
Es posible que los demás no entiendan tu punto de vista, o luzcas diferente, pero en la medida en que estes dispuesto a defender tu individualidad, sintiendote seguro de tu belleza interna y tu valor, la gente a tu alrededor comenzara a verte con otros ojos.
Por eso te invito a que te atrévas a ser diferente y a darle a tus
hijos el apoyo y la libertad de serlo. Probablemente sea la mejor enseñanza que puedas darles.
viernes, 13 de julio de 2012
All you need is love
Para cerrar esta trilogía de artículos quisiera escribir
acerca del amor. Pero ¿qué puedo decir yo del amor que no se sepa ya? Yo pienso que, como dice la canción de Los Beatles cuyo título
he tomado para identificar este articulo, el amor es lo único que necesitamos en
la vida. Cuando hacemos las cosas por amor y con amor, nada puede salirnos mal,
porque el amor es la esencia de lo divino. Ahora seguramente mucha gente me dirá
que en nombre del amor se puede hacer mucho daño. Yo no lo creo. Pienso que en
nuestra cotidianidad, a veces confundimos otras cosas con el amor. La
posesividad, los celos, las relaciones destructivas...son realidades que
culturalmente asociamos con el amor. En realidad esto no es amor, son sólo nuestras
creencias, nuestros patrones culturales, programados en nosotros por el
entorno, y alimentado con nuestros miedos, disfrazados como el lobo con la piel
de la oveja.
El amor debe necesaria y obligatoriamente comenzar por uno
mismo. No podemos amar ni ser amados cuando no nos amamos primero a nosotros. Mientras
somos niños, el amor es algo muy sencillo, natural. Todos los niños se aman a sí
mismos, por sobre todas las cosas. Los bebes tienen muy claro que son su
primera prioridad, y para obtener lo que desean están dispuestos a todo. Ese amor,
es rápidamente etiquetado como egoísmo, y se va transformando a medida que
crecemos, a través de nuestra educación y los paradigmas sociales. Nos
convencemos de que nuestras necesidades son menos importantes que las de los demás,
y que ser bueno es olvidarse de uno mismo y pensar solo en los demás. Así vamos
aprendiendo que amarnos a nosotros mismos es malo, que pedir lo que necesitamos
es malo, que luchar por lo que queremos es malo, y que si queremos ser
aceptados y queridos, tenemos que olvidarnos de nosotros. Y luego nos preguntamos porque nadie nos ama,
y porque nos cuesta tanto abrirnos al amor.
El verdadero amor por nosotros mismos, no es egoísta, porque
cuando te amas realmente a ti mismo, eres capaz de dar más y más amor a los que
están alrededor tuyo. El amor verdadero no es posesivo, porque no necesitas que
nadie te ame, cuando tienes tu propio amor. Si alguien te ama, maravilloso. Pero
si no lo hacen, no importa, siempre hay quien te ame en tu vida. El verdadero
amor no es celoso, porque tiene la certeza absoluta de que su fuerza y poder
aumenta cuando es compartido.
Así que hay que comenzar amándose a uno mismo, y desde ahí,
amar al mundo, aceptándolo como es, acabando con nuestros prejuicios, abriendo
nuestra mente. Así construimos una felicidad a prueba de todo, que podemos
compartir con los demás.
Y para amarnos a nosotros mismos, debemos comenzar a cerrar
el círculo con las otras dos palabras de esta maravillosa trinidad: perdonándonos
y dando gracias. Agradeciendo por lo que somos y tenemos, y perdonando por no
haberlo visto antes, por haber dejado que nuestras creencias nos alejaran de
nuestra grandeza. Paso a paso, iremos así construyendo una solida relación con
nosotros mismos, que podremos transmitir como un maravilloso obsequio a
nuestros hijos.
miércoles, 4 de julio de 2012
La importancia de agradecer
La semana pasada les hablé de tres palabras que tienen el
poder de cambiar la vida. Perdón, amor y gracias. Estas tres palabras, y las experiencias
que describen, son el pilar fundamental de una vida sana, tanto desde el punto
de vista emocional, como el físico y el espiritual. Ya vimos por que el perdón
es esencial para aceptar nuestra realidad, encontrar la paz, aprender a vivir
en el presente, y darnos la oportunidad de equivocarnos para convertirnos en
mejores seres humanos.
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Así que me he propuesto hacer parte
de mi rutina de cada día sentarme con mis hijos y agradecer, con ellos, por dos
o tres cosas. Experiencias que hayan pasado en el día, que nos hagan sonreír,
cosas que tenemos, o cosas que hemos sentido. Además de hacer de esto un
momento especial, para compartir con mis hijos, de escuchar acerca de su día, y
ellos del mío, nos permite centrarnos en el presente.
lunes, 25 de junio de 2012
Perdón, amor y gracias.
Desde hace unos meses estas tres palabras
aparecen en mi vida a cada paso. Pareciera que el Universo las ha puesto una
tras otra, en sucesión, como los durmientes sobre los cuales construir una guía
para el camino. La ruta sobre la cual voy siendo llevada mansamente, casi sin
darme cuenta, al destino que es mi vida. Perdón, amor, gracias, perdón, amor,
gracias, perdón, amor, gracias.
Las
tres palabras se entretejen y esconden en cada cosa que leo, en cada canción,
en cada conversación. Como si con ellas ya todo estuviera dicho. Y me voy dando
cuenta de que con cada una voy encontrando las respuestas a todo.
Por eso quería colocar aqui unas palabras de reflexión acerca de la importancia de educar a nuestros hijos en la disciplina de perdonar, de dar gracias y de amar.
Perdonar es un
arte humano que hemos ido olvidando. Muchas veces guardamos rencores y memorias
de lo pasado. Muchas veces nos sentimos culpables por lo que hicimos y no
hicimos. Pensamos que perdonar es síntoma de debilidad. Lo cierto es que el
perdón es uno de los regalos más maravillosos que puede darnos el universo. El
perdón es la base de la esencia del ser humano, porque gracias al
perdón nos podemos dar la oportunidad de crecer, a través del aprendizaje que
nos dan nuestros errores.
A menudo les
exigimos a nuestros hijos que sean casi perfectos, y en ese afán no nos
permitimos perdonar ninguna falla. Lo mismo nos hacemos a nosotros mismos. Castigamos
los errores cometidos y nos justificamos diciendo que lo hacemos por amor,
porque queremos lo mejor para ellos. Hemos oído hasta el cansancio que si
cedemos, nuestros hijos tomaran ventaja de nuestra debilidad. Así que no nos
damos el lujo de perdonarlos, aun cuando eso sea lo que nuestro corazón anhela,
y lo que podría darles a ellos la paz de saber que su verdadero valor no
depende de lo que ellos hagan.
Lo cierto es que en muchas ocasiones es el ego
el que nos impulsa. Preferimos tener la razón que tener la paz. Presumimos los
triunfos de nuestros hijos como nuestros, pero de igual manera deberíamos presumir
sus fracasos, porque es a través de ellos que se hacen humanos y crecen.
Por eso te invito a perdonar. A perdonarte en primer lugar a ti misma por tus errores como madre. Y te invito a perdonar a tus hijos, cada vez que puedas. Enseñémosle con
el ejemplo a nuestros pequeños el valor del perdón. Aprendiendo a perdonarse
primero, es como aprendemos a perdonar a los demás. Y perdonando a los demás y
a nosotros mismos nos liberamos de un enorme peso, y disfrutamos de la paz.
La próxima
semana seguiré conversando acerca de estas tres palabras, y de la importancia
de darle prioridad a su enseñanza a nuestros niños.
miércoles, 20 de junio de 2012
Acepta lo que la vida te trae
Estoy trabajando en unos escritos acerca
de la actitud hacia las enfermedades, y como cambiando nuestra actitud podemos
influir en el tratamiento de las mismas. Esencial en este proceso es el aceptar
la enfermedad. Pero escribiendo al respecto, me he dado cuenta de que la
aceptación es un proceso primordial para determinar cómo vivimos.

Aceptar lo que sucede en
tu vida, sea bueno o malo, es el primer paso para ser feliz. Aceptar no
significa resignarse. Aceptar es tener conciencia de cómo nos afecta lo que
sucede alrededor de nosotros, y tomar una decisión acerca de cómo deseamos
reaccionar a ese evento.

Plantéate hoy la
posibilidad de aceptar de buena gana lo que suceda en tu día. Te darás cuenta
de que cada pequeña cosa puede ser recibida con la visión de aprender de ella,
de usarla para crecer, para mejorar. Te sentirás mucho mejor casi de inmediato.
“Cuando tomas la decisión de aceptar, te das cuenta de que es
una actitud sanadora para muchos aspectos de tu vida. Te permite un espacio de
reflexión e introspección, y te da una nueva perspectiva. La vida no es buena o
mala, depende de nuestra actitud el convertir cada cosa que nos sucede en un
drama, o en una oportunidad de crecer y cambiar. La aceptación no es sinónimo
de resignación, todo lo contrario”.
miércoles, 13 de junio de 2012
Hay que ser responsable
La semana pasada una casualidad (??) me llevó a encontrarme con una interesante pagina que se llama Amarse a uno mismo y les invito a leerla. Llegué alli a través de un link que hablaba de la técnica de Ho’oponopono para sanar. Esta técnica se base en asumir que nosotros somos responsables de lo que pasa en nuestro mundo. En una cita textual "... la total responsabilidad se extiende a todo lo que está presente en tu vida, simplemente porque está en tu vida. Es tu responsabilidad en un sentido literal. Todo el mundo es tu creación".
Esta lectura me hizo pensar en lo que significa ser responsable de nuestros actos, y lo importante que es enseñarle esto a nuestros hijos. Acostumbramos a hablar de responsabilidad como una pesada carga que debemos cumplir: "es tu responsabilidad hacer las tareas" o "tu vas a ser responsable de lo que pase si no haces lo que te digo". Pero la realidad es que hay un nivel importantisimo de responsabilidad que no le enseñamos a nuestros hijos, simplemente porque no tenemos la conciencia de la misma. Es la responsabilidad sobre los propios sentimientos. La responsabilidad de cuidar de nosotros mismos. La responsabilidad de escoger la actitud con la cual afrontamos las situaciones del día a día. Nosotros como padres y como adultos evadimos muchas veces esta responsabilidad.
¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido víctimas de las cosas que pasan alrededor? Nos olvidamos que sólo nosotros podemos decidir cómo nos sentimos con respecto a lo que pasa fuera de nosotros. Es decir, nos olvidamos de que somos responsables de cómo nos sentimos. Si nos sentimos mal en una situación determinada, siempre podemos tomar la decisión de quedarnos o irnos, de engancharnos o dejar ir, de quejarnos o de resolver, de aprender, de perdonar.
Es importante tomar conciencia del inmenso poder que significa la posibilidad de elegir dentro de nosotros la actitud que tenemos ante lo que nos sucede cada día. Es parte de nuestra esencia.
Enseñémosle a nuestros hijos esta poderosa herramienta. Desde las cosas más sencillas, desde la cotidianidad. A partir de nuestra propia experiencia, con nuestro ejemplo, demostrémosle que siempre se puede escoger entre una actitud positiva y ganadora, y una derrotista y vicitimizante, entre crecer y aprender o sentirme inferior y derrotado. Y el que puede escoger la actitud eres tú, y solo puedes cambiarla en el momento en que tomas conciencia y desde el presente, tomas esa decisión.
Les estaremos dando una de las más grandes herramientas, el control sobre su vida y lo que les sucede. Y así, juntos seguiremos creciendo, aprendiendo y avanzando.
miércoles, 6 de junio de 2012
Tienes que quererte a ti misma
Cuando uno decide tener hijos, comienza a pensar recurrentemente
en el futuro. Cada día de la vida de los padres esta signado por una imagen de
los hombres y mujeres que quieren que sean sus hijos, y en base a eso vamos
educando a nuestros niños. Algunos padres quieren que sus hijos tengan lo que
ellos no tuvieron. Otros quieren que sus hijos vivan una vida que ellos
hubiesen querido vivir: ser pianistas, ser abogados, viajar, tener una boda de
ensueño. Casi todos tenemos fantasías donde vemos a nuestros pequeños
recibiendo medallas en las olimpiadas, y hasta el premio Nobel: Nos sentiríamos
tan orgullosos. Nos sentiríamos unos padres triunfadores, pero pocas veces nos
preguntamos cómo se sentirían ellos. Tratamos de darles todas las herramientas
que les permitan "triunfar" en el mundo: karate, inglés, pasarela,
etiqueta....aun cuando es probable que las mismas herramientas sean
completamente inútiles en el mundo de dentro de 15-20 años. El otro día recordábamos
con mi esposo cuantas horas de escuela perdimos aprendiendo taquigrafía,
mecanografía, dibujo técnico, caligrafía Palmer...cosas completamente inútiles
en el mundo de hoy en día.
Yo he pensado mucho en esto. Trato
de imaginarme que serán de grande mis muchachos. Me resulta difícil imaginarlos
adultos. Pero de algo estoy segura: no importa lo que yo quiera o desee para
ellos, serán ellos los que decidan. Y yo solamente podré estar allí para
apoyarlos y darles ánimo en lo que decidan. Lo único que yo quiero para ellos
es que sean felices. Sí, así de sencillo, que sean felices, que tengan paz en
su corazón. Mas allá de que sean exitosos, yo quiero que disfruten de su
vida y que a través de su felicidad puedan llevar felicidad a los que están a
su alrededor. Como madre mi deseo es darles los fundamentos para que ellos
construyan esa felicidad. Y a mi entender el amor es la base, la garantía
de una vida feliz: yo quiero que se sientan amados cada día para que sepan lo
valiosos y hermosos que son, y puedan conocerse, aceptarse y amarse a
ellos mismos, y así amar sin miedos ni restricciones a los que están a su
alrededor.
¿Cómo se enseña a amar? En primer
lugar, amándolos por supuesto. Comprendiendo la importancia de amarlos y de
hacerlos sentir amados, que no es necesariamente lo mismo. Cada día, a cada
minuto. Cuando son adorables y encantadores, y cuando lloran sin parar por
horas. Cuando hacen sus tareas, y cuando no quieren hacerlas. Cuando son todo
lo que siempre soñamos en un hijo, y cuando son la peor pesadilla que podamos
tener. Solo así les podemos enseñar que el amor está por encima de todas las
barreras, y que pueden atreverse a experimentar la vida y equivocarse, y
encontrar quienes son realmente en su interior, sin miedo a dejar de ser
amados.
La otra base fundamental para
enseñarles a nuestros hijos a amarse, es por supuesto ser nosotros el ejemplo
de ello. Recordemos que nuestros hijos aprenden a copiar nuestras conductas y
actitudes. ¿Cómo podemos enseñarles a amarse, si nosotros no lo aplicamos a
nosotros mismos? Tenemos que aprender a amarnos, a aceptarnos, a perdonar
nuestros errores. No es fácil...se requiere un gran trabajo interno para
lograrlo, pero es esencial. Es un trabajo de cada día. Cambiar nuestra actitud
hacia nosotros mismos. Tratarnos con respeto, y exigir el respeto que
merecemos. Cuidar nuestro cuerpo con amor. Cuidar nuestra alma. Eliminar de
nuestro vocabulario las palabras despectivas para con nosotros mismos.
Rodearnos de belleza, de cosas positivas. Mirarnos al espejo con satisfaccion, y caminar por la vida con la certeza de que somos unicos y especiales.
Y bueno, en eso andamos. Aprendiendo para enseñar.
lunes, 21 de mayo de 2012
Las madres tambien nos enfermamos.
"Hace unos dias recibi una noticias muy fuertes. Noticias que cambiaran mi vida y la de mi familia. Desde ese momento mi cabeza da vueltas y vueltas, pensando mil cosas, pero sobre todo pensando en mis hijos, en su futuro, en lo que va a ser su vida."
Estas fueron las escasas lineas que logre escribir cuando todavia estaba en shock por el diagnóstico, unos dias antes, de un tumor en mi mama izquierda. Hoy se cumple un año exacto de ese duro día en que me dijeron que tenía cancer. Parece mentira que haya pasado un año. Recuerdo con lujo de detalles cada minuto: la cara de preocupación de la técnico que me estaba haciendo la mamografía, como me corrían las lágrimas por las mejillas mientras iba de regreso a mi casa, y sobre todo el miedo. El miedo a la muerte, que parece que siempre va de la mano de ese diagnóstico tan terrible.
Una de las cosas que me pasaba por la cabeza insistentemente, era lo injusto que era que me pasara esto cuando estaba en pleno disfrute de mi bebe, de apenas 9 meses de edad. Luego de tener mi primer hijo mi esposo y yo habíamos buscado insistentemente tener otro bebe. Luego de casi cinco años y dos perdidas, lo habíamos logrado y recien parecia que le dabamos la bienvenida al mundo a nuestro pequeño angelito. Y ahora esto...¿como se compagina la vida en familia que siempre has soñado, con un imprevisto como esto?. Sentía que me estaban jugando una cruel broma pesada.
Pensaba más que nada en mis hijos, de una manera distinta a como
siempre había pensado en ellos. Trataba de imaginarme como sería para ellos
vivir sin mí. Sabía que tienen un padre maravilloso y muy capaz de sacarlos
adelante con bien, pero por más que lo intentaba no me imaginaba como iban a
sobrevivir sin el amor de mami, sin mis mimos, sin mis cuidados... ¿serían los
niños que siempre soñé que serían? Como podía yo hacerles tanto
daño...abandonarlos. Marcarles la vida para siempre. ¿Se acordarían de mí? ¿Me odiarían
por haberlos dejado? El más pequeño seguramente ni sabría que había tenido una
mamá. Pero seguro que el mayor si se acordaría.
A medida que
pasaban los días, las preocupaciones se iban sumando. Ya no era sólo que pasaría
si se quedaban solos, sino que a medida que el tratamiento iba progresando, y
me iba sintiendo cada vez más débil, me preguntaba cómo iba a poder ocuparme de
ellos. ¿Cómo decirles que estaba enferma? ¿Cómo prepararlos para lo que iban a
ser unos difíciles meses? ¿Cómo explicarles que ya no podía hacer con ellos
muchas de las cosas que antes hacía? Me sorprendió gratamente lo sencillo que
fue para ellos adaptarse a la nueva situación en casa. Comprendieron con una increíble
madurez cuando no me sentía bien, cuando no quería salir de casa, cuando
necesitaba dormir...hasta comprendieron con naturalidad cuando se
me cayó todo el cabello en cuestión de unos días, y cuando mami se quedó sin
una tetica luego de la operación. Probablemente las cosas en las que nunca pensé, fueron las
más difíciles: Gracias a Dios la abuelita de mis bebes estuvo ayudándonos en
casa, porque las cosas más sencillas y cotidianas se convirtieron para mi eran grandes retos. Aprender
a tolerar cuando la ropa se acumulaba en la cesta, o la casa estaba muy desordenada,
y yo no tenía fuerzas para levantarme a hacerlo. Y ni hablar de preparar
comida, en cuanto entraba a la cocina y olía algún condimento, tenía que salir
corriendo a vomitar.
En fin, ha pasado un año…y la casa sigue ahí, y mis hijos siguen
bellos y sanos. Si acaso, toda esta experiencia les ha enseñado a ser mas
compasivos y comprensivos, y a mí me ha enseñado a tener confianza en ellos.
Ellos son más fuertes e inteligentes de lo que yo pienso. Adaptarse a las
circunstancias de la vida y seguir adelante, apoyándonos unos a los otros, y amándonos
sin importarnos las condiciones, eso es lo que nos hace una familia.
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