miércoles, 15 de junio de 2011

Muchacho no es gente

Uno de los errores más comunes que comentemos como sociedad es pensar que los niños son "inferiores" al resto de los seres humanos. En Venezuela tenemos un dicho popular, que escuchamos frecuentemente y que reza que "Muchacho no es gente". 

Lo cierto es que muchas personas tratan a los niños como si no tuvieran sentimientos, necesidades y perspectivas propias. Los padres solemos pensar que los niños son prolongaciones de nosotros mismos, y muchas veces asumimos que lo que nosotros sentimos, vemos o percibimos, es igual para ellos. Desdeñamos sus miedos y preocupaciones, simplemente porque a nosotros nos parecen absurdas, sin entender que las nuestras propias son muchas veces tan ilógicas como las de ellos o más. ¿O es que el miedo al fracaso tiene más sentido que el miedo al coco? Irrespetamos sus ritmos naturales, por ser diferentes de los nuestros, y los forzamos a acostarse, comer y bañarse cuando nosotros decidimos, y no cuando ellos tienen sueño, hambre y calor.

Prácticamente desde que nacen, comenzamos a irrespetar a nuestros hijos, pretendiendo que sean ellos los que se adapten a nuestro ambiente, a nuestro ritmo, a nuestras necesidades. Luego cuando nuestros hijos empiezan a mostrar más independencia, nos empeñamos en hacerlos "entrar por el aro", en muchas ocasiones sin siquiera preguntarles porque su rebeldía ante nuestras "ordenes". ¿Porque entonces nos sorprendemos cuando esos mismos niños irrespetan a sus padres, hermanos y maestros?

La escuela, aun desde sus niveles mas iníciales, se preocupa mucho menos aun por las individualidades de cada niño, y pretendemos que todos ellos se mantengan sentados por horas, obedezcan reglas, e incluso vayan a hacer sus necesidades en el momento que los maestros deciden. Y si el niño no acepta de buena gana estas regulaciones, entonces lo tildamos de enfermo, le adjudicamos un síndrome de deficiencia de atención y los drogamos para que se queden tranquilitos oyendo sus clases y sin protestar. 

¿Cuántos de nosotros adultos aceptaríamos que nos trataran de esa misma manera?

Cuando aprendemos a tratar a los niños como individuos que merecen respeto, a aceptar sus diferencias y particularidades, aprendemos a escucharlos realmente, como escuchamos a los adultos, a tener empatía con ellos, a ponernos en sus zapatos y tratar de entender su mundo. La comunicación entonces se hace más fluida y ellos aprenden que tienen nuestro respeto, que sus sentimientos son valederos y que pueden compartirlos con nosotros. Así les enseñamos no solamente a respetar a los demás, sino a respetarse a sí mismos, y a exigir que los demás les respeten de la misma manera.

Así que los invito a decirle a todos, especialmente a sus chiquitos, que muchacho si es gente, y merece respeto.

Completo mi reflexión con la letra de una de mis canciones favoritas de Joan Manuel Serrat, Esos locos bajitos:

A menudo los hijos se nos parecen, 
así nos dan la primera satisfacción; 
esos que se menean con nuestros gestos, 
echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esos locos bajitos que se incorporan 
con los ojos abiertos de par en par, 
sin respeto al horario ni a las costumbres 
y a los que, por su bien, hay que domesticar. 

Niño, deja ya de joder con la pelota. 
Niño, que eso no se dice, 
que eso no se hace, 
que eso no se toca. 

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma, 
nuestros rencores y nuestro porvenir. 
Por eso nos parece que son de goma 
y que les bastan nuestros cuentos para dormir. 

Nos empeñamos en dirigir sus vidas 
sin saber el oficio y sin vocación. 
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones 
con la leche templada y en cada canción. 

Niño, deja ya de joder con la pelota... 

Nada ni nadie puede impedir que sufran, 
que las agujas avancen en el reloj, 
que decidan por ellos, que se equivoquen, 
que crezcan y que un día nos digan adiós

1 comentario:

Bren dijo...

Me encantan tus reflexiones Susana... me lo llevo a mi pagina de facebook. Post digno de compartir!