miércoles, 31 de octubre de 2012

Vamos a "cepillarnos" la mente

Como padres, y casi desde el nacimiento de nuestro primer hijo nos obsesionamos con la higiene. Yo he aprendido que esto no es necesariamente sano, ni para ellos ni para nosotros. Pensamos que manteniendo a nuestros hijos casi estériles los protegemos de enfermedades, pero lo cierto es que la ciencia recién empieza a entender que el exceso de higiene puede ser mas perjudicial que beneficioso.

Pero en realidad no es de esto que quiero hablarles hoy. Lo que quiero plantear es que, al igual que exigimos a nuestros hijos (y a nosotros) cepillarnos los dientes luego de cada comida, y lavarnos las manos al llegar de la calle, deberíamos educarlos en la necesidad de cuidar su mente y hacer higiene preventiva de sus pensamientos.

Durante años he escuchado de la higiene mental y de la importancia de limitar los contenidos violentos que ven nuestros hijos. Pero ha sido solo recientemente que he comenzado a entender en profundidad la importancia de esta "prevención". Como parte de un proceso de crecimiento personal me he puesto "a dieta" mental. Ese régimen que no es mas que una toma de consciencia y de responsabilidad con relación a lo que dejo que llegue a mis pensamientos, me ha permitido darme cuenta de la cantidad de cosas negativas a la que sometemos a nuestra mente. Los mensajes negativos están alrededor de nosotros todo el tiempo: libros, comerciales, películas, frases, conversaciones, etc. etc. Incluso muchas veces en material que consideramos "seguro" como canciones o programas de comedia, están llenos de mensajes que distorsionan nuestro contacto con nosotros mismos. La mayoría de las veces no nos damos cuenta de que están allí, y los dejamos pasar. Pero cuando empezamos a vivir expandiendo nuestra conciencia, empezamos realmente escuchar lo que antes solo oíamos.

Al igual que en muchas otras áreas de la vida de nuestros hijos, es nuestra responsabilidad proteger a nuestros hijos de los mensajes que consideramos peligrosos para su salud mental. Yo particularmente tengo varones, así que me preocupo mucho por la violencia, no solo de los juegos de vídeo  sino en los cuentos y canciones infantiles. Pero hay muchos otros temas que son de igual importancia y relevancia: mensajes que les dan en el colegio, con las evaluaciones, en las clases de deportes, los abuelos, etc. Mensajes que tienen que ver con que el mundo es injusto, con que hay buenos y malos, con que hay que ganarse las cosas haciendo sacrificios, con que solo el mas fuerte sobrevive...

Te invito a escuchar con la mente abierta los mensajes que le da la vida (y tu) a tus hijos. A pensar acerca de lo que hay detrás de cada instrucción, y a conversar mucho, mucho, mucho. Obviamente no todos los mensajes pueden ser filtrados o controlados por los padres, pero conversando y discutiendo con nuestra familia acerca de ellos, les enseñamos a nuestros hijos a ser críticos con lo que creen, a preguntarse si realmente las cosas son de una manera u otra, y a que ellos mismos expandan su conciencia.

Y me encantaría que me contaras ¿que mensajes ocultos has encontrado en el entorno de tus hijos?

miércoles, 10 de octubre de 2012

Aprendiendo de la derrota.


En primer lugar, quiero pedirles disculpas por que este post cambia un poco la tónica habitual de mi blog. Normalmente me enfoco en mis hijos y experiencias que vivo con ellos. Pero sumida como estoy aún en las múltiples emociones del pasado fin de semana, por las elecciones presidenciales en Venezuela, no podía dejar de escribir sobre esto.

Me voy a tomar la libertad de compartir con Uds. el mensaje que le escribió mi sobrino a su mamá. El se llama Gustavo y es un maravilloso muchacho, lleno de vida y alegría, siempre con la sonrisa a flor de piel. Por primera vez en su vida, lleno de ilusión y esperanza, este fin de semana ejerció su derecho al voto, desde Alemania donde está estudiando. 


"Mami, te quería responder este mensaje en cuanto lo vi, pero de verdad decidí que no podía mas y trate de irme a dormir. No se si mucho de ustedes Venezolanos lo lograron, pero yo no he podido pegar ni un ojo. Calmarme, eso sí que lo he hecho pero aun falta.
En cuanto a tu mensaje, lastimosamente no estoy decaído, estoy tumbado. Ya veremos como el tiempo eventualmente ayuda a levantarme, pero ningún comentario de nadie y me de consolación tiene ese poder. 

Ese mensaje, esos números, la verdad tienen muy poco valor. Estaba claro que aumentaríamos, al igual que está claro que seguirá aumentando, pero con esos números lo único que haces es decirte a ti mismo "en las próximas llegaremos al número correcto, a lo suficiente para ganar". Con esa misma idea me he formado toda (disculpen la palabra) MI PUTA VIDA. 

Hablas de que el futuro es mío, y todo eso. Es cierto lo es, pero a mi modo de vista me congelaron y robaron 6 años de futuro, no solo mío sino de todos. Seis años más en la misma situación, seis años mas de desespero constante, incertidumbre de no saber que va a pasar. Si el día de mañana podré hablar con la misma gente y si todo ahí estará. Nadie se merece eso, no importa ideología ni opinión política, eso es un hecho.

Las palabras del Tío la verdad, que ni las entendí. Si no lo intentas por sea el motivo que sea, no tienes porque sentirte defraudado. Porque?? No hiciste nada al respecto pudiendo haberlo hecho. a demás yo personalmente no me siento defraudado en lo absoluto. Me siento impotente a pesar de haber votado, me siento triste por saber que tengo que ver a Venezuela seis años mas por ese mismo camino, me siento asqueado por la ignorancia de muchos. El país, Venezuela si sigue ahí y nadie lo borrara del mapa. Mi país, eso es una cosa totalmente diferente. Mi país fue en el que yo nací hace ya 19 años. El país en el cual vives no es ni la sombra de aquel y mucho menos la sombra de lo que puede ser y quiero que sea.

Ahora esto si va dedicado a ti directa y personalmente. Aprecio que me quieras consolar de cualquier modo pero no gracias. Yo te quiero, te aprecio, y te seguiré queriendo. Te deseo y deseare todo lo mejor en todos los aspecto para ti y todos a tu alrededor, pero de política o sobre MI país o el tuyo no quiero que hablemos. Espero que la próxima vez que vaya, quien sabe cuándo y por cual motivo, compartamos más que un solo día y que sean como cuando yo era pequeño.

Mami tu sabes que yo los adoro y como me dijiste tu por teléfono, seguirán haciendo lo mismo de siempre como si nada hubiera pasado. Yo como ya te dije también, no los quiero ahí, en medio de un peligro constante y un país que se les viene encima en todos los ámbitos. Lamentablemente yo sé que no es fácil. 

Los quiero demasiado a todos, y tú sabes cuánto los amo y adoro. Por favor cuídense demasiado y que nada les pase, porque no me lo perdono. Habrá que aguantar y echar pa' lante. 

PD: Escribo sin ánimos de consuelo, solo necesitaba desahogarme. Si tienen algo que decir sean precisos porque no quiero tema de discusión o desacuerdo. Esas palabra fueron simplemente lo que hoy Lunes 08/10/2012 a las 12:11PM hora de Alemania, salieron de mi mente y mañana será otro día."


Varias cosas me pasaron por la mente después de leer esto. En primer lugar una enorme tristeza de saber que un joven venezolano podía sentirse tan decepcionado del país, tan ajeno a su propia tierra. En segundo lugar la me llama la atención que el está convencido de que no tiene futuro, de que esa decisión le arrebata su felicidad.

Desde el punto de vista personal su escrito me hizo pensar en la importancia de que nuestros muchachos aprendan a manejar su vida desde el punto de vista emocional y a distinguir entre las circunstancias externas y la actitud con la cual las enfrentamos.

La verdad es que cuando obtenemos algo distinto a lo que deseábamos como resultado de nuestras acciones, es normal tener sentimientos de frustración, impotencia y tristeza. Pero cuando dejamos a un lado los juicios y entendemos que nada de lo que pasa es bueno o malo, y que todo puede ser para crecer, nuestra visión cambia. Se nos hace mucho más sencillo entonces aceptar y dejarlo fluir. Cuando entendemos que solo nosotros tenemos el control sobre cómo nos sentimos y como afrontamos nuestra realidad, entonces es mas sencillo salir de la tristeza y enfocarnos en emprender un nuevo camino. 

Por eso he insistido en volver a nosotros mismos la mirada en estos momentos y tratar de buscar soluciones, cambiar patrones, y asumir responsabilidades. Solo así podemos aprender las lecciones y seguir creciendo y andando hacia lo que queremos, sin juicios ni apegos.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Deja de llorar, que ningún niño esta triste.



En estos días el mundo de nosotras las madres está marcado por la vuelta a clases de nuestros chiquitos. Eso significa cambios y adaptaciones para todos en casa, después de casi dos meses de vacaciones. Y adaptarse a cosas nuevas, siempre requiere de tiempo y paciencia. Pero en este mundo agitado y apurado para no llegar a ningún lado, el tiempo y la paciencia no son bien vistos. 

En la guardería a la que asiste mi pequeñito de dos años, los niños lloran desconsolados cuando sus padres los dejan. Mi chiquito también llora, yo lo abrazo. Los padres primerizos lloran. Los que ya hemos pasado por esto antes nos vamos con el corazón arrugado, pero con la convicción de que todo va a estar bien. Las maestras se ríen, porque saben que repiten el ritual de todos los años. En el fondo, todos sabemos que es “normal” que las primeras semanas sean difíciles, y que para el niño es una valiosa experiencia.



De vez en cuando vemos a algunos padres que regañan a sus hijos o los increpan a que no lloren. Otros tratan de convencerlos de que no deben estar tristes. Algunos los comparan con otros niños que van felices, y otros simplemente disminuyen la importancia de lo que el niño está sintiendo. Creemos que de esa manera calmamos a nuestros hijos, y ni siquiera nos detenemos a pensar lo que está detrás de esos sentimientos.

Y eso mismo lo hacemos en nuestra vida, y con nuestros sentimientos, porque así nos enseñaron. Si me siento triste, salgo a comprarme algo, o a echarme unos palos, o a buscar a alguien alegre que me saque de esta depre. Pero pocas veces nos detenemos a pensar porque me siento de esta manera, a conectarme con ese sentimiento.Lo cierto es que nuestros sentimientos, y los de nuestros hijos, son la manera que tiene nuestro cuerpo y nuestra alma de expresarse, y son parte de lo que somos como seres humanos. 

Los sentimientos son un feedback interno. Cuando ignoramos nuestros sentimientos, nos ignoramos a nosotros mismos. Cuando le enseñamos a nuestros hijos a no dar valor a lo que sienten, les enseñamos a que no confíen en sí mismos, a no valorarse. Les enseñamos que son los demás los que deben decirle como sentirse, y que si los demás están contentos y felices, ellos deben estarlo también, aunque se sientan en realidad miserables.

El coach Luis Diaz lo explica maravillosamente en el siguiente video.





Por eso te invito a evitar decirles a tus hijos como deben sentirse. Trata de entender porque se están sintiendo de esa manera, y ayúdalos a ellos a comprenderlo también. Abrázalos, consuélalos, diles que los quieres. Aprende a aceptar lo que sientes y dejarlo fluir y enséñales a tus hijos a hacerlo también. Recuerda que nuestros sentimientos, tanto buenos como malos, son parte de lo que somos. Aceptémonos y amémonos como somos.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Lo que tienes y lo que eres son cosas distintas

Una de las cosas que siempre me ha preocupado con relación a la crianza de mis hijos, ha sido educarlos para que valoren las cosas en su justa medida. La presión social y publicitaria para tener y tener cosas es siempre muy fuerte. Y seamos honestos, todos deseamos tener cosas bellas, sofisticadas, útiles y modernas en nuestras vidas. No hay nada de malo en eso. El problema surge cuando empezamos a pensa que lo que tenemos define lo que somos. Los adultos estamos tan confundidos con este tema, tan desconectados de nuestro verdadera esencia, que hemos realmente llegado a creer que somos mejores o peores que el vecino porque tenemos un carro último modelo, o un teléfono más moderno. Lo cierto es que las cosas no nos llenan ni nos definen, pero estamos tan cegados que solamente nos damos cuenta de que es así, cuando por fin tenemos estas cosas. Eso explica por que tanta gente exitosa, con mucho dinero, y con todas las cosas que el dinero puede comprar, llevan una vida triste y miserable, y terminan sus vidas en las drogas, el alcohol y hasta el suicidio.

Lo mismo le pasa a nuestros hijos. Pasan semanas soñando con un juguete que vieron en la tele, o algo que tiene un amiguito del colegio. Y cuando por fin lo obtienen, juegan 15 minutos con él, y se dan cuenta de que no son todo lo felices que creian que serían, y seguro no mas de lo que eran antes. Se les genera entonces una sensación de frustración, de anticlimax, que los deja buscando algo nuevo que desear. Esto puede generar un terrible circulo vicioso de insatisfacción, que si no se controla a tiempo puede terminar muy mal.

Por eso es importante hablar con nuestros hijos acerca del valor de las cosas materiales, y hacerles ver que lo que ellos quieren realmente no es el objeto, sino la emoción que ese objeto despierta en ellos. Y ayudarlos a entender que esa emoción pueden obtenerla con ese objeto, pero también de otras maneras. De esa manera, su mundo y su felicidad no girara exclusivamente alrededor de lo material. Entender que detrás de cada cosa material realmente esta lo que ese objeto genera en nosotros, y que eso puede ser distinto para cada uno, es clave para que tanto ellos como nosotros aprendamos a colocar nuestro enfoque en la experiencia que buscamos, y no en el objeto.

Puede no ser tan sencillo. En primer lugar tenemos que hacer el trabajo en nosotros mismos, para poder hablarles con propiedad y enseñarles con nuestro comportamiento y no solo con nuestras palabras. Si nosotros definimos nuestro valor con lo que tenemos, nuestros hijos harán lo mismo. Si podemos sentirnos llenos de otras maneras, también ellos aprenderán eso. En muchos casos para nosotros como padres complacer a nuestros pequeños comprándoles lo que quieren puede ser una manera de conseguir una experiencia propia (sentirnos mejores padres, más generosos, poderosos, etc). Si es así, es importante ver que necesidad tratamos de satisfacer y hacerlo de otras maneras. Esto requiere un esfuerzo mayor como padres, hay que ser muy pacientes para orientar a nuestros niños en formas de identificar sus carencias emocionales, y muy creativos para buscar formas alternativas de satisfacer esas necesidades. Sin duda es más sencillo salir corriendo y comprar lo que piden para llenar su tiempo, que dedicarles nuestro tiempo y atención. Pero a la larga el precio que podemos pagar por nuestra comodidad es muy alto, y puede llegar a comprometer la felicidad de nuestros hijos.

Así que antes de correr a comprar ese juguete que sabes que hará feliz a tu hijo, piensa de que otra manera puedes hacerlo feliz.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Cuida lo que sale de tu boca


Ayer estaba con mi hijo de 7 años en un parque. El saltaba feliz en un colchón inflable cuando llegó otra niña a compartir su júbilo. Los vi contentos jugando bajo la supervisión de la mama de la niña. De repente escuché a mi hijo gritándole a la niña "Toma, muérete. Eres una miedosa". En seguida reaccioné y corrí al colchón pensando que se había desatado una guerra entre ellos, pero cuando llegue me los encontré felices saltando. Llamé a mi hijo y le pregunté qué pasaba y me dijo encogiéndose de hombros "Nada mamá, estábamos jugando".

Esto me hizo pensar mucho acerca de lo que está pasando a nuestro alrededor en términos de violencia y malos tratos entre adultos, y en cómo influye en nuestros hijos sin que muchas veces nos demos cuenta. El lenguaje que utilizamos a diario tiene una enorme importancia en moldear nuestro comportamiento, y con mucha más razón el de nuestros hijos, tal y como lo establecen los principios de la Programación Neurolingüistica o PNL.

La PNL ha demostrado la influencia que el lenguaje tiene sobre nuestra programación mental y demás funciones de nuestro sistema nervioso. Lo que pensamos y decimos, aun cuando no lo digamos en serio, es un mensaje muy claro para nuestro subconsciente. Las palabras y los pensamientos tienen una energía asociada, y es importante que nuestros niños sepan esto. A pesar de que las digan jugando, el usar palabras violentas es nocivo para ellos.

Más tarde, mientras almorzábamos juntos, se lo expliqué a mi hijo. Parecía sorprendido. No entendía del poder de sus palabras. "Mami, pero todos los niños en mi colegio juegan así, y no pasa nada". Eso es lo que cree mucha gente, pero claro que si pasa.

Cuando decimos palabras desagradables, violentas o despectivas, le damos fuerzas y energías a lo negativo, no solo para los demás, sino también para nuestra propia vida. Las palabras son escuchadas por nuestro cerebro y eventualmente este se convence de que lo dices en serio. Y poco a poco tu cerebro termina por creerse que lo que tú dices es lo que tú realmente eres, y para ser congruente comienza a moldear tus pensamientos y acciones alrededor de tus palabras.

Es muy importante cuidar lo que dices y como lo dices, y mantener una vigilancia sobre el lenguaje que usan tus hijos. Explícales claramente que efecto tienen sus palabras, sobre los demás pero sobre todo sobre ellos mismos. Enséñales a ser selectivos con lo que dicen y a tratar de emplear siempre palabras positivas o neutras. Paulatinamente comenzara a hacerse costumbre para ellos expresarse en los términos que quieren ser percibidos y con la energía de quienes quieren ser.

jueves, 26 de julio de 2012

Ser diferente no solo está bien, debería ser tu meta.


Hay una reflexión que tiene varias días rondándome los pensamientos. Tiene que ver con el valor de la individualidad. Pasamos buena parte de nuestras vidas tratando de ser como los demás, vestirnos a la moda, ser socialmente aceptados. Desde que somos muy pequeños se nos enseña a adaptarnos a un molde, a parecernos a los demás o ser un buen niño. Si lo hacemos, nos premian con aceptación y amor. Si no, nos castigan y nos hacen sentir culpables.


Por supuesto, cuando nos toca ser padres, repetimos lo mismo. Utilizamos nuestros patrones culturales para construir una imagen de “niño bueno” y nos dedicamos buena parte del tiempo a que nuestros hijos se conviertan en lo más cercano a ese patrón. Muchas veces comparamos a nuestros hijos, con los hijos de otras personas. Lo hacemos con la mejor de las intenciones, pues actuamos por amor, repitiendo lo conocido. Lo malo es que en ese proceso, vamos diluyendo la personalidad de nuestros chiquitines, y anulando o restandole importancia a muchas de sus potencialidades.

Recientemente he tomado conciencia de que es precisamente lo que nos diferencia de los demás, lo que nos hace valiosos y lo que nos garantiza el éxito. Lo que nos hace diferentes es lo que nos hace destacarnos. Es posible que los demás no entiendan tu punto de vista, o luzcas diferente, pero en la medida en que estes dispuesto a defender tu individualidad, sintiendote seguro de tu belleza interna y tu valor, la gente a tu alrededor comenzara a verte con otros ojos.

Por eso te invito a que te atrévas a ser diferente y a darle a tus hijos el apoyo y la libertad de serlo. Probablemente sea la mejor enseñanza que puedas darles.

viernes, 13 de julio de 2012

All you need is love


Para cerrar esta trilogía de artículos quisiera escribir acerca del amor. Pero ¿qué puedo decir yo del amor que no se sepa ya? Yo pienso que, como dice la canción de Los Beatles cuyo título he tomado para identificar este articulo, el amor es lo único que necesitamos en la vida. Cuando hacemos las cosas por amor y con amor, nada puede salirnos mal, porque el amor es la esencia de lo divino. Ahora seguramente mucha gente me dirá que en nombre del amor se puede hacer mucho daño. Yo no lo creo. Pienso que en nuestra cotidianidad, a veces confundimos otras cosas con el amor. La posesividad, los celos, las relaciones destructivas...son realidades que culturalmente asociamos con el amor. En realidad esto no es amor, son sólo nuestras creencias, nuestros patrones culturales, programados en nosotros por el entorno, y alimentado con nuestros miedos, disfrazados como el lobo con la piel de la oveja.

El amor debe necesaria y obligatoriamente comenzar por uno mismo. No podemos amar ni ser amados cuando no nos amamos primero a nosotros. Mientras somos niños, el amor es algo muy sencillo, natural. Todos los niños se aman a sí mismos, por sobre todas las cosas. Los bebes tienen muy claro que son su primera prioridad, y para obtener lo que desean están dispuestos a todo. Ese amor, es rápidamente etiquetado como egoísmo, y se va transformando a medida que crecemos, a través de nuestra educación y los paradigmas sociales. Nos convencemos de que nuestras necesidades son menos importantes que las de los demás, y que ser bueno es olvidarse de uno mismo y pensar solo en los demás. Así vamos aprendiendo que amarnos a nosotros mismos es malo, que pedir lo que necesitamos es malo, que luchar por lo que queremos es malo, y que si queremos ser aceptados y queridos, tenemos que olvidarnos de nosotros.  Y luego nos preguntamos porque nadie nos ama, y porque nos cuesta tanto abrirnos al amor.


El verdadero amor por nosotros mismos, no es egoísta, porque cuando te amas realmente a ti mismo, eres capaz de dar más y más amor a los que están alrededor tuyo. El amor verdadero no es posesivo, porque no necesitas que nadie te ame, cuando tienes tu propio amor. Si alguien te ama, maravilloso. Pero si no lo hacen, no importa, siempre hay quien te ame en tu vida. El verdadero amor no es celoso, porque tiene la certeza absoluta de que su fuerza y poder aumenta cuando es compartido.

Así que hay que comenzar amándose a uno mismo, y desde ahí, amar al mundo, aceptándolo como es, acabando con nuestros prejuicios, abriendo nuestra mente. Así construimos una felicidad a prueba de todo, que podemos compartir con los demás.

Y para amarnos a nosotros mismos, debemos comenzar a cerrar el círculo con las otras dos palabras de esta maravillosa trinidad: perdonándonos y dando gracias. Agradeciendo por lo que somos y tenemos, y perdonando por no haberlo visto antes, por haber dejado que nuestras creencias nos alejaran de nuestra grandeza. Paso a paso, iremos así construyendo una solida relación con nosotros mismos, que podremos transmitir como un maravilloso obsequio a nuestros hijos.

miércoles, 4 de julio de 2012

La importancia de agradecer


La semana pasada les hablé de tres palabras que tienen el poder de cambiar la vida. Perdón, amor y gracias. Estas tres palabras, y las experiencias que describen, son el pilar fundamental de una vida sana, tanto desde el punto de vista emocional, como el físico y el espiritual. Ya vimos por que el perdón es esencial para aceptar nuestra realidad, encontrar la paz, aprender a vivir en el presente, y darnos la oportunidad de equivocarnos para convertirnos en mejores seres humanos. 

La gratitud es la otra cara de la moneda del perdón. El perdón y el agradecimiento van de la mano, porque si no logramos perdonar, no encontraremos razones para agradecer, y si no nos damos cuenta de lo mucho que tenemos para agradecer, no sabremos como perdonar. La gratitud es la línea de partida para la construcción de los milagros. Algunas veces parece que no tenemos nada que agradecer, pero siempre hay razones, por muy simples que parezcan. Comienza por lo primero que se te ocurra. El sol en el cielo, los zapatos que tienes puestos, los dedos de tus manos, tus hijos, la vida en ti....Somos recipientes de tantas bendiciones, que nos acostumbramos a tenerlas cada día, y nos olvidamos de agradecer por ellas. Cuando comenzamos a dar gracias, nos vamos dando cuenta de lo mucho que tenemos, de lo afortunado que somos. Agradecer es una poderosa herramienta para reconocer la luz que brilla en nosotros, una reconexión con la espiritualidad.

Cuando hacemos del agradecer un habito, no solamente les enseñamos a nuestros hijos a poner atención a las cosas hermosas y maravillosas que tenemos, sino que nos sentimos más felices, mas conectados con la creación y con lo divino, y a partir de allí podemos construir una vida mejor. Llenando nuestra vida de la energía positiva del agradecimiento, atraemos a nuestra vida más y más bendiciones. Recuerda que lo que piensas y crees desde el fondo de tu corazón, moldea tus acciones, y tu actitud hacia la vida, y a su vez tu actitud determina lo que puedes lograr. Así que si te sientes bendecido, y afortunado en la vida, podrás alcanzar cosas que ni tú mismo creías posible. Honestamente creo que es uno de los regalos más maravillosos que puedo darle a mis hijos.

Así que me he propuesto hacer parte de mi rutina de cada día sentarme con mis hijos y agradecer, con ellos, por dos o tres cosas. Experiencias que hayan pasado en el día, que nos hagan sonreír, cosas que tenemos, o cosas que hemos sentido. Además de hacer de esto un momento especial, para compartir con mis hijos, de escuchar acerca de su día, y ellos del mío, nos permite centrarnos en el presente. 

lunes, 25 de junio de 2012

Perdón, amor y gracias.


Desde hace unos meses estas tres palabras aparecen en mi vida a cada paso. Pareciera que el Universo las ha puesto una tras otra, en sucesión, como los durmientes sobre los cuales construir una guía para el camino. La ruta sobre la cual voy siendo llevada mansamente, casi sin darme cuenta, al destino que es mi vida. Perdón, amor, gracias, perdón, amor, gracias, perdón, amor, gracias.

Las tres palabras se entretejen y esconden en cada cosa que leo, en cada canción, en cada conversación. Como si con ellas ya todo estuviera dicho. Y me voy dando cuenta de que con cada una voy encontrando las respuestas a todo.

Por eso quería colocar aqui unas palabras de reflexión acerca de la importancia de educar a nuestros hijos en la disciplina de perdonar, de dar gracias y de amar.

Perdonar es un arte humano que hemos ido olvidando. Muchas veces guardamos rencores y memorias de lo pasado. Muchas veces nos sentimos culpables por lo que hicimos y no hicimos. Pensamos que perdonar es síntoma de debilidad. Lo cierto es que el perdón es uno de los regalos más maravillosos que puede darnos el universo. El perdón es la base de la esencia del ser humano, porque gracias al perdón nos podemos dar la oportunidad de crecer, a través del aprendizaje que nos dan nuestros errores.

A menudo les exigimos a nuestros hijos que sean casi perfectos, y en ese afán no nos permitimos perdonar ninguna falla. Lo mismo nos hacemos a nosotros mismos. Castigamos los errores cometidos y nos justificamos diciendo que lo hacemos por amor, porque queremos lo mejor para ellos. Hemos oído hasta el cansancio que si cedemos, nuestros hijos tomaran ventaja de nuestra debilidad. Así que no nos damos el lujo de perdonarlos, aun cuando eso sea lo que nuestro corazón anhela, y lo que podría darles a ellos la paz de saber que su verdadero valor no depende de lo que ellos hagan. 


Lo cierto es que en muchas ocasiones es el ego el que nos impulsa. Preferimos tener la razón que tener la paz. Presumimos los triunfos de nuestros hijos como nuestros, pero de igual manera deberíamos presumir sus fracasos, porque es a través de ellos que se hacen humanos y crecen.

Por eso te invito a perdonar. A perdonarte en primer lugar a ti misma por tus errores como madre. Y te invito a perdonar a tus hijos, cada vez que puedas. Enseñémosle con el ejemplo a nuestros pequeños el valor del perdón. Aprendiendo a perdonarse primero, es como aprendemos a perdonar a los demás. Y perdonando a los demás y a nosotros mismos nos liberamos de un enorme peso, y disfrutamos de la paz.

La próxima semana seguiré conversando acerca de estas tres palabras, y de la importancia de darle prioridad a su enseñanza a nuestros niños.